8/5 – 21.30hs. – LA NOCHE DEL CAZADOR en CINÉFILO BAR

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La Noche del Cazador y la cuarta película del ciclo “Werner Herzog y los límites de la razón”

La Soufrière

(Werner Herzog, Alemania, 1977, 30min.)

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Antes de la película se proyectará el cortometraje Diez mil años más viejo (Werner Herzog, 2002, 10min.)

En Cinéfilo Bar. Bv. San Juan 1020. Córdoba Capital.

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La forma de la catástrofe por venir

por José Fuentes Navarro

La ciencia ficción como género se encuentra en los comienzos del cine. El Viaje a la Luna de G. Meliés (1902) está ahí para comprobarlo, Metrópolis (1927) de Fritz Lang está ahí para confirmarlo. Los ejemplos se multiplicarían hasta el absurdo. Una de las ventajas del género reside en la capacidad crítica que tiene en relación al individuo o a la sociedad. La ciencia-ficción habla del presente, en ocasiones prefigura situaciones del futuro. El cine, misteriosamente, también tiene esa capacidad.

Volviendo al futuro, el escenario habitual de la ciencia-ficción se desarrolla en un mundo post-apocalíptico, donde una catástrofe (usualmente nuclear o  de algún virus) ya sucedió. En sus 45 minutos iniciales (y mejores, después el film decae) Soy Leyenda de Francis Lawrence mostraba a Will Smith deambulando en solitario a través de una Manhattan arrasada por un virus. En Fuga de New York de John Carpenter, Kurt Russel rescataba al presidente de los EE.UU. de una isla -prisión- fantasmal (Manhattan otra vez). Es un mundo devastado por la tercera guerra mundial. En esa película estaba prohibido fumar so pena de muerte, y el futuro trascurría en 1997.

La Soufrière no pertenece al género de  ciencia-ficción. Me refiero al mediometraje de Werner Herzog, filmado en 1977 en la Isla Guadalupe durante las vísperas de la erupción del volcán del mencionado título. Toda la isla es evacuada salvo por una persona que decide quedarse. Esto llama la atención del cineasta alemán que viaja a entrevistar a este hombre con el peligro de la erupción, gases venenosos, sismos, etc. Herzog no se mide con osos, se mide con volcanes. Cuando el aventurero alemán llega, toda la ciudad está desierta.  Tan sólo la recorren animales librados a su suerte. Por unos minutos, el film parece mostrar una ciudad donde la catástrofe ya sucedió. Así, se convierte en uno de esos films de ciencia ficción, su originalidad es que acontece en un documental, es patrimonio del cine de ficción mostrarnos un posible futuro.  No recuerdo un documental que lo haga, salvo el mismo Herzog en La Salvaje Lejanía Azul, pero allí lo que se expresa es un futuro como una vuelta al origen primigenio de la tierra.

En ocasiones, el cine muestra imágenes de sucesos o situaciones que luego se configuran en la realidad (o lo que llamamos realidad). Podemos ver, como sucede en Donnie Darko de Richard Kelly, la destrucción de una casa por parte de una turbina de avión como prefiguración de la caída de la torres gemelas (los ejemplos de la destrucción de New York antes de la caída de las torres podrían multiplicarse por cientos). Más acá, en No te metas con el Zohan de Dennis Dugan, un palestino le tira con un zapato a Adam Sandler. Poco tiempo después será George W. Bush quién reciba un proyectil similar en una conferencia de prensa. En sus últimos documentales Werner Herzog opina que la humanidad está perdida y se dirige a su destrucción. Quizás lo haya prefigurado en La Soufrière.

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