6/6 – 19 hs. – CINECLUB PASIÓN DE LOS FUERTES

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Nick/Sam

por Alejandro Cozza

Nick-Sam 1

(Este texto estaba incluido en un proyecto de tesis inconcluso sobre Samuel Fuller que escribí hace varios años atrás. Lo rescato ahora con motivo de la proyección de algunas películas de Nicholas Ray en el Hugo del Carril).

Primera parte: Parecidos y únicos

Es habitual en buena parte de la filmografía de  Samuel Fuller que un conflicto racial mueva la trama. En “China gate” un niño de origen chino es la victima de la disputa egoísta e irracional entre personas y pueblos, de ideologías y de razas distintas. Algo similar ocurriría años después en 1963 en “55 días en Pekín”, sólo que el director sería Nicholas Ray, y en esa ocasión, con los roles invertidos (en el film de Fuller una mujer occidental adopta al chico), sería un embajador francés quien toma a su cuidado en medio del conflicto bélico a una nena china huérfana de padre y madre, abandonada en el lado contrario de donde pertenece, su China comunista. Se plantea en ese film, una misma tensión que la que observamos en “China gate”. Y no porque Ray haya copiado a Fuller, sino que ambos poseen un similar punto de vista sobre los conflictos bélicos y raciales, y los males que aquejaban y desgarraban interna y externamente a la Norteamérica de los años de la guerra fría.

No es el único punto en común entre ambos cineastas. Curiosamente, se dan entre ellos una serie de coincidencias que han fundido una relación, teórica y analítica en donde es difícil desunir y separar a ambos como entes autónomos. La historia del cine los ha legitimado en un mismo escalón como si se tratara de hermanos gemelos cuando en sí, cada uno, por su lado, es un autor excepcional con características y mundos propios. Pero las coincidencias existen y vale la pena repasarlas, porque además enriquecen el análisis de la obra de cada uno. Comparar a Fuller con Ray, agranda de sobremanera la importancia de la figura mítica de Fuller. Y viceversa ocurre con Ray, y no porque su filmografía no tenga peso propio, sino que ambos parecieran sostener, juntos, el peso de la propia historia del cine norteamericano clásico en su variante más rebelde de los modelos de producción industrial. Inconformistas, con respecto a las temáticas adocenadas que el Hollywood de ese entonces pretendía que tratasen los directores. Autorales, por confiar en que sus propias visiones, y sus formas de retratarlas, sobresalgan en el armado final de sus películas. Y por ende, menos pendientes de esquematismos, de convenciones, de insignificancias, y más dependientes del poder ilimitado de la imaginación. En resumen, más independientes.

Siendo además, bisagras esenciales hacia el modernismo en el cine, y respetados como efigies de culto por muchos directores contemporáneos y posmodernos, para quienes sus figuras se han ido metamorfoseando rápidamente desde un miticismo tardío hacia un misticismo temprano, porque Fuller y Ray han pasado de ser míticos, a convertirse por derecho propio, en referentes místicos, cual imagen de un santuario religioso, la religión del cine obviamente.

En la enciclopedia “Cien años de cine” que editó el diario La Nación, Claudio España comenta sobre ambos: “Varias coincidencias establecen una casual relación entre Samuel Fuller y Nicholas Ray, dos de los más notables directores norteamericanos. Nacieron en 1911 y ambos en agosto. Comenzaron a filmar hacia fines de los cuarenta (Ray con “Los amantes de la noche” de 1948 y Fuller con “I shoot Jesse James” en 1949. Ambos films de bajo presupuesto y dentro de los cánones de la serie B) en el apogeo del macarthysmo. Por eso mismo fueron controlados y hasta vigilados por sombras que ambos reconocen como tales, pero a los que no aciertan en dar forma. Tanto de Fuller como de Ray se dijo desde la izquierda que, como conservadores, habían sabido sortear las persecuciones políticas. Los críticos de derecha, en cambio, al descubrir su manifiesta inclinación por la violencia social y militar, y por la puesta en escena del valor humano por encima de la contingencia anecdótica, entrevieron en ellos a comunistas solapados. A estas criticas desde ambos flancos respondió Nicholas Ray, que al volver de la guerra no había hechos votos de castidad.” .

Las partes restantes del texto de Alejandro Cozza se publicarán durante los sucesivos sábados del mes de Junio.
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La retrospectiva que Pasión de los Fuertes dedica a Nicholas Ray se inicia este Sábado 6/6 con la proyección de “Muerte en un beso” (EE.UU., 1950, 94 min.)

A las 19 hs. en el Cineclub Municipal Hugo del Carril. Bv. San Juan 49. Córdoba Capital / Entrada libre y gratuita. Presentación a cargo de Alejandro Cozza.

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