20/6 – 19hs. – CINECLUB PASIÓN DE LOS FUERTES

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19 HS. – CINECLUB MUNICIPAL HUGO DEL CARRIL – BV. SAN JUAN 49, CÓRDOBA CAPITAL.

Sigue la retrospectiva de Nicholas Ray en Pasión de los Fuertes. Presentación a cargo de Alejandro Cozza. Entrada libre y gratuita.

Nick Ray y James Dean. Director y protagonista de Rebelde sin causa.

Nick Ray y James Dean. Director y protagonista de Rebelde sin causa.

Rebelde sin causa, de Nicholas Ray (EE.UU., 1955, 111 min.)

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Nick/Sam (Tercera parte)

por Alejandro Cozza

Rebeldía y sus causas, la industria de espaldas y el amigo alemán

Al igual que en Fuller, un ingrediente clave en el cine de Ray y que reaparece una y otra vez, es el tema de la violencia latente en el ser humano que a su vez los convierte en seres apasionados y románticos como paradoja de opuestos. De esta tensión ambos sacan a relucir emoción verdadera. Ambos fueron las cabezas más visibles de lo que se dio en llamar la “generación de la violencia” del cine norteamericano, un rasgo que unió en la década del cincuenta y principios de los sesenta a un grupo de directores que buscaron alejarse de los grandes estudios, ya sea de los elevados presupuestos, como de las potentes luces y gigantescos decorados de cartón de los enormes galpones (set’s de filmación) para respirar un poco de aire fresco, conocer la luz del sol, y empaparse de verismo en las calle de las grandes ciudades. Y andando por las calles no encontraron una América feliz, con gente viviendo en familia, en casitas blancas y jardines con flores. Encontraron una sociedad escindida, luego de la segunda guerra mundial y auge de la guerra fría. Y un odio contenido entre sus ciudadanos que explotaba en cuotas de virulenta violencia. Eso fue reflejado en la pantalla, y este rasgo no solo unió a Fuller y Ray, sino que también estrecharon alianza con otros directores surgidos en esos años. Me refiero fundamentalmente a Robert Aldrich, Richard Brooks, Don Siegel, Richard Fleischer y Sam Peckimpah.

Wim Wenders / Nicholas Ray

Wim Wenders / Nicholas Ray

Si bien tanto Ray como Fuller compartieron su esplendor en los cincuenta cuando sus films coincidían con el éxito de taquilla -de Ray sobresalen “Horas de angustia” (1950), “Muerte en un beso” (1950), “On dangerous ground” (1951), “The lusty men” (1952), la ya mencionada “Johnny Guitar”, “Rebelde sin causa” (1955), y “Bigger than life” (1956); de Fuller, “Casco de acero”, “El rata”, “La casa de bambú” (1955), “Run of the arrow” (1957), “Forty guns”, “El kimono escarlata” (1959) y “Underworld U.S.A.” (1960)- no fueron del todo comprendidos por el Hollywood de ese entonces y dejados de lado en los sesenta, rechazados como fruta podrida. Fue necesaria que la feroz y vehemente insistencia de los críticos franceses de la “Nouvelle Vague” hiciera ver al mundo la aberración que se cometía sobre ellos. Por las diferencias existentes en el carácter de cada uno, y los diversos destinos que les toco jugar en suerte, Ray nunca pudo filmar fuera de la presión de los estudios, siempre fue un director por encargo, solo que en sus encargos latía una forma de hacer cine, y de entender la vida, diferente al resto de los directores a sueldo que pululaban en los estudios de las “majors”. Pero la autoconciencia de esa realidad fue la que lo llevó a un final anticipado de su carrera, e imagino, de su vida. Fue “obligado durante muchos años a hacer concesiones y a satisfacer las blandas expectativas del publico de los 50. Llegando finalmente a la conclusión de que era mejor abandonar Hollywood, y se convirtió en un exiliado, en un hombre errante, en un rebelde sin posibilidad de proseguir su carrera, en un director condenado a la impotencia… y pasó los dieciséis últimos años de su vida, marginado del sistema comercial de Hollywood”. Sus ultimas superproducciones, “Rey de reyes” (1961) y “55 días en Pekín” (1963), fueron demasiado para él, la última tuvo que ser terminada por otros directores. No volvería a dirigir, y cuando lo intentó, nunca pudo concluir sus obras, un fantasma, el de los proyectos inacabados, se le prendió a su piel y lo condenó. Cuando quiso imponerse ya fue demasiado tarde, chocó contra todos los despachos, contra todas las productoras. El alcohol y las depresiones profundas a las que se abandonó en un constante proceso de autodestrucción concluyeron en un cáncer que acabaría con su vida en 1979. Hecho que Wim Wenders registraría minuciosamente en su film “Nick’s movie-Relámpago sobre el agua” (1979), en donde lo que en un comienzo iba ha ser un film conjunto entre ambos directores, se termino transformando en un film fúnebre y, en un sentido, bello homenaje a Nick Ray debido al agravamiento repentino de su salud. No fue Godard el único cineasta moderno que homenajeó insistentemente a estos dos grandes del cine norteamericano. Bernardo Bertolucci los cito en imágenes y texto en “Los  soñadores” como telón de fondo audiovisual al mayo del ´68. Wim Wenders en numerosas ocasiones convocó a Sam Fuller y a Nick Ray para que actuaran en algún que otro papel en sus films. El mas célebre, además del ya mencionado “Relámpago sobre el agua”, seria en “El amigo americano” (1977), homenaje de Wenders al cine negro norteamericano (basado en una novela de Patricia Hightsmith), en donde Ray interpreta a un pintor y Fuller al jefe mafioso y productor de películas pornográficas. En dicho film, el papel mas conmovedor se lo lleva Ray, el rol de Fuller es totalmente bizarro, que interpretando un artista al que el mundo creía muerto, se convierte extrañamente en una metáfora de su propia decadencia, “el paralelismo con su vida real resulta evidente. La película rendía homenaje a su figura en un inolvidable plano final, en el que Ray daba la espalda a la cámara y se alejaba perdiéndose a la distancia. Veinte años antes, Ray había aparecido en el último plano de “Rebelde sin causa”, deteniéndose brevemente para admirar un lecho de flores. Al final de “El amigo americano” camina con dificultades y la escena se va oscureciendo progresivamente según se aleja. Se trata de un momento cinematográfico de gran brillantez con el que Nicholas Ray, un gran romántico a pesar de todo su pesimismo, debió sentirse plenamente identificado”. Todo un homenaje por parte de Wenders a un cineasta y a un cine que desgraciadamente ya no existe. Con similar motivo, Fuller volvería a aparecer luego, bajo las órdenes de Wenders en “Hammet-Investigación en el barrio chino” (1982), “El estado de las cosas” (1982) y en “El fin de la violencia” (1997), su ultimo papel en el cine antes de su muerte en 1997.

Primera parte | Segunda parte | La última parte, el próximo sábado
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