A propósito de Rossellini (1)

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TESTAMENTO DE UN ESPIRITU LIBRE (1)

Fragmentos de una entrevista realizada por José Luis Oliver para la Revista Cambio 16, Nº 288, 19/6/1977, España.

Roberto Rossellini

Roberto Rossellini

“Mi preocupación fundamental es la siguiente: creo que vivimos en un mundo en crisis. Es un hecho real. Carter, el presidente de la nación más moderada del mundo, ha lanzado hace quince días un grito de alerta diciendo que ya no tenemos suficiente energía. Ese es un problema grave. Hace unos días ha habido una reunión en Londres. Allí se habló en términos monetarios, pero la conclusión es la misma. No hay duda de que vivimos la crisis del final de una civilización. Y creo que esta crisis se refleja mucho, por ejemplo, en la producción cinematográfica. El cine es un espejo de esta crisis. Pero, ¿basta con que sea un espejo o es preciso que los cineastas sean más que un espejo? Vemos en la historia que, en general, las civilizaciones tienen miedo ante la muerte y se suicidan. ¿Acaso debemos ser suicidas? ¿O debemos analizar las enfermedades de orden social, psicológico, etc., que nos aquejan y tratar de ponerles remedio? Y puesto que disponemos de poderosos medios de comunicación debemos utilizarlos para que todo el mundo pueda pensar, para que todo el mundo pueda expresarse, o sea, debemos utilizarlos con una razón social. El cine debe ser un gran elemento de la cultura, pero la cuestión que debe plantearse es si el cine, en su actividad general –evidentemente hay excepciones-, va en esta dirección o no. Este es mi punto de interrogación.
”No me gusta hablar de mí, pero voy a poner un ejemplo preciso. Hace treintas y dos años, cuando hice Roma, cittá aperta, yo era un pobre desgraciado, después de padecer años de hambre auténtica, de nueve meses de ocupación de Roma, nueve meses de vivir en los sótanos… Era absolutamente trágico. Y yo hice la película que para mí era una especie de toma de conciencia de lo que habíamos pasado. Y así empezó en Italia el movimiento neorrealista. Sobre el neorrealismo se ha delirado mucho, pero para mí el neorrealismo era liberarse de la esclavitud de las abrumadoras estructuras que pesaban sobre el cine. Para mí era una invención de orden técnico para salir del templo de los estudios donde se celebraba el rito del cine. Salimos a las calles, había mil cosas que inventar y ello daba un amplio margen de libertad.
”Hasta cierto momento se aprovechó este margen de libertad, pero luego volvieron las estructuras con su fuerza, con sus leyes y todo volvió a entrar en el ritual. Personalmente, creo que esto supuso una castración de lo que se podía hacer. Además, en el momento en que a pesar de todo algo empezaba a suceder –se hablaba de un cine de autor, suscitando numerosos odios-, he aquí que llega la televisión y se produce un fenómeno para mí doloroso: la rivalidad cine-televisión. ¿Qué sucede entonces? Que para defenderse el cine ensancha las pantallas, introduce los medios más espectaculares en su apariencia y pierde su sustancia.”.

Cine versus televisión

“Y veamos lo que sucede en la televisión. Hay dos tipos de televisión: la americana que se basa en la publicidad y cuya preocupación es la de vender tiempo al precio más alto posible y para ello fabrica productos de nivel cada vez más bajo, ya que la popularidad –en el estado de enfermedad mental y moral en el que nos encontramos-, obliga a seguir el camino más bajo. Y luego está la televisión estatal, como en Francia, Italia, España, etc., que es un monopolio del Estado. El Estado exige un impuesto que debe pagarse por anticipado porque va a ofrecer un servicio de promoción. ¿Cumplen su trabajo estas televisiones estatales? No. Citaré una estadística muy simple. La televisión francesa en diez años, de 1996 a 1976, ha doblado sus ingresos y ha disminuido su producción en el 50 por 100. Es un dato. No hacen falta comentarios.
”Por consiguiente habría que revisar el sistema y eso sería la solución. La televisión llega a millones de espectadores. Por lo tanto creo que es absurdo mantener la división entre cine y televisión. Deberían ser lo mismo. Son dos medios de difusión distinto, eso es todo.  Y si se lograse –y se conseguirá, porque las cosas suceden fatalmente en el mundo-, conectar el cine con la televisión, la televisión se haría inmensamente más creativa, el cine sería menos escandaloso y tendríamos ante nosotros una posibilidad de expresión muchísimo mayor.
”Ahora bien, hay que ver cómo empleamos estos medios. Que el cine y la televisión sirvan únicamente como medios de distracción, me parece un poco exagerado. Necesitamos distracciones, pero necesitamos también reorientarnos y comprender. Y esto no nos lo proporciona la instrucción tradicional, porque está pensada para introducirnos en una sociedad estructurada de una forma muy precisa: uno es doctor, otro se hace abogado, otro físico, y éstos son sus deberes sociales. Pero hay un deber superior que es el de aprender el oficio del hombre, para ser lo más consciente posible. Todo el pensamiento de los socialistas franceses, por ejemplo, que hablaban de la necesidad de una educación integral para poder comprender todo lo que nos rodea y, por consiguiente, no ser víctimas, sino protagonistas, me parece de una importancia fundamental. Y estos medios ofrecen esta posibilidad porque pueden mostrar directamente las cosas como son.”.

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