3/7 – 21hs. – CINECLUB LA NOCHE DEL CAZADOR en CINÉFILO.

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Viernes 19 de junio, 21 hs – en Cinéfilo Bar, Bv. San Juan 1020. Córdoba Capital.

Ciclo Jia Zhang-ke, los escombros del mundo

dong

La imagen pictórica
Dong se erige a partir de dos grandes paralelismos así como las dos locaciones elegidas para construir el relato en el que transcurrirá el documental.
Por un lado, la intención del cineasta de captar el proceso creativo del pintor Liu  Xiao Dong en la realización de su obra. Aun teniendo la intención de seguir al pintor con su cámara, Jia Zhang -ke parece que se fuera alejando de su primer propósito a medida que avanza el film; para terminar por convertirse en un pasaje, un rumbo, un viaje que atraviesa espacios, desde Fengjie locación que escoge para subsumirnos en la profundidad de sus enormes planos hasta la humedad que se respira en Tailandia, Bankgog.
Tomas semi panorámicas de “Las tres cascadas”, donde lo visual, lo netamente estético al ojo queda relegado al tacto, al olfato, al oído. Un trabajo que detiene la atención en la contemplación de los escenarios que se fusionan.
Desde este lugar veremos un artista que emprende un recorrido, y en él las sensaciones que lo atraviesan, su sensibilidad; sus intereses de captar esa nostalgia de lo que va quedando atrás. Los cuerpos humanos como los cuerpos geográficos, como los paisajes puros donde las fronteras se desdibujan, murales decorativos de hombres descansando, de mujeres cantando.
Luego veremos el continuum post artístico de los retratados,  que se confundirán con la representación en imágenes  de una comunidad arrasada por la velocidad de las transformaciones sociopolíticas de China (y del mundo);  mediante planos secuencias extensos, primeros planos y planos detalles de sus elementos contextuales circundantes.
Fijar en imágenes el momento de transición  por el que atraviesan las locaciones: fijar en imágenes sin tratar de producir imágenes bellas sino de permitir que surja lo indecible que ellas ponen de manifiesto. Si esto nos enfrenta de alguna manera a una nueva revelación desde la misma simpleza que transmite el documental, debe atribuirse al hecho de estar sometidas a una mirada completamente nueva.
Y a medida que avanza se evidencia el trabajo del cineasta como el de un pintor: la cámara como ese ojo que observa y crea mirando. El pintor despliega en su lienzo los cuerpos semidesnudos de obreros  encargados de la demolición y la posterior reconstrucción y así, Zhang Ke confunde cielo y pincel,  fotografía, pintura y cine, imagen estática, imagen en movimiento. Devolviendo otra vez desde su ojo esa aguda mirada  de transición de una China cambiante, desde los primeros planos de sus habitantes, hacia los enormes travellings  que rodean el camino. Paisaje natural, paisaje humano, el acercamiento a las locaciones y al devenir de las personas.
Dong  exhibe la composición narrativa y del plano, en el que Zhang Ke  cuestiona otra vez a nivel estético y moral cuan lejos o cerca nos encontramos; cuantas veces podemos ser parte de un recorrido en que se subvierte un modo de mostrar, un modo de mirar, que intenta amplificar y entrenar esa mirada tantas veces encapsulada, desde una cámara que intenta (y logra) filmar exactamente el difícil acto de situarse en el mundo.
Vera Pereyra

Dong, de Jia Zhang-ke (China, 2006, 66 min.)

La imagen pictórica

Dong se erige a partir de dos grandes paralelismos así como las dos locaciones elegidas para construir el relato en el que transcurrirá el documental.

Por un lado, la intención del cineasta de captar el proceso creativo del pintor Liu  Xiao Dong en la realización de su obra. Aun teniendo la intención de seguir al pintor con su cámara, Jia Zhang -ke parece que se fuera alejando de su primer propósito a medida que avanza el film; para terminar por convertirse en un pasaje, un rumbo, un viaje que atraviesa espacios, desde Fengjie locación que escoge para subsumirnos en la profundidad de sus enormes planos hasta la humedad que se respira en Tailandia, Bankgog.

Tomas semi panorámicas de “Las tres cascadas”, donde lo visual, lo netamente estético al ojo queda relegado al tacto, al olfato, al oído. Un trabajo que detiene la atención en la contemplación de los escenarios que se fusionan.

Desde este lugar veremos un artista que emprende un recorrido, y en él las sensaciones que lo atraviesan, su sensibilidad; sus intereses de captar esa nostalgia de lo que va quedando atrás. Los cuerpos humanos como los cuerpos geográficos, como los paisajes puros donde las fronteras se desdibujan, murales decorativos de hombres descansando, de mujeres cantando.

Luego veremos el continuum post artístico de los retratados,  que se confundirán con la representación en imágenes  de una comunidad arrasada por la velocidad de las transformaciones sociopolíticas de China (y del mundo);  mediante planos secuencias extensos, primeros planos y planos detalles de sus elementos contextuales circundantes.

Fijar en imágenes el momento de transición  por el que atraviesan las locaciones: fijar en imágenes sin tratar de producir imágenes bellas sino de permitir que surja lo indecible que ellas ponen de manifiesto. Si esto nos enfrenta de alguna manera a una nueva revelación desde la misma simpleza que transmite el documental, debe atribuirse al hecho de estar sometidas a una mirada completamente nueva.

Y a medida que avanza se evidencia el trabajo del cineasta como el de un pintor: la cámara como ese ojo que observa y crea mirando. El pintor despliega en su lienzo los cuerpos semidesnudos de obreros  encargados de la demolición y la posterior reconstrucción y así, Zhang Ke confunde cielo y pincel,  fotografía, pintura y cine, imagen estática, imagen en movimiento. Devolviendo otra vez desde su ojo esa aguda mirada  de transición de una China cambiante, desde los primeros planos de sus habitantes, hacia los enormes travellings  que rodean el camino. Paisaje natural, paisaje humano, el acercamiento a las locaciones y al devenir de las personas.

Dong  exhibe la composición narrativa y del plano, en el que Zhang Ke  cuestiona otra vez a nivel estético y moral cuan lejos o cerca nos encontramos; cuantas veces podemos ser parte de un recorrido en que se subvierte un modo de mostrar, un modo de mirar, que intenta amplificar y entrenar esa mirada tantas veces encapsulada, desde una cámara que intenta (y logra) filmar exactamente el difícil acto de situarse en el mundo. Vera Pereyra

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