Una charla con Matías Herrera Córdoba

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Entrevista al director de CRIADA, Matías Herrera Córdoba.

por Ramiro Sonzini y Martín Alvarez

Martín Álvarez: Contanos un poco cómo nació el proyecto de la película, cuáles fueron tus motivaciones para contar la historia de este personaje.

Matías Herrera Córdoba: La peli nace 2 años y medio o 3 atrás. Yo había terminado de filmar el cortometraje Mis Pies [2006], en la puna catamarqueña. Como había sido casi un mes de rodaje, propuse ir con un par de personas del equipo técnico a la finca, que había sido de mis abuelos y antes de mis bisabuelos, a vacacionar. Hacía 15 años que no volvía. Para mí era el lugar ideal. Imaginate que siendo chico tenías a menos de una cuadra un río, acequias, frutales, uva, durazno, ciruelas, de todo… era algo espectacular.  Ahí me encuentro con Hortensia.
Yo la conocía de chico, y de hecho jugaba con su hijo, Claudio, que tiene dos años más que yo. Al volver a verla, lo primero que me vino a la mente fue: “¿Por qué todo el mundo se fue?”, o más bien “¿Por qué nadie volvió?”, y “¿Por qué Hortensia se quedó, si los demás se fueron?”. Primero, pensando con una visión súper ingenua me planteaba: “Le gusta la finca, ama la naturaleza…”. Cuando empiezo a averiguar, lo primero que salta es que Hortensia es Mapuche y había sido llevada desde el sur de Argentina hasta Catamarca. Ahí empecé a investigar un poco más con familiares, y viajar. Estar con ella, charlar sobre lo que nosotros hacíamos y sobre  sus actividades. Siempre la vi como a una tía, aunque siempre supe que era la criada de la familia. En el primer viaje, que llego medio de sorpresa pensando que Hortensia me iba a abrir la puerta de las demás habitaciones, me entero que no tenía las llaves de la casa. Fue muy fuerte, pensar que hace 40 años que ella está ahí y no le tienen la confianza para dejarle las llaves. A partir de ese momento comencé a pensar en la película y en cómo contarla. Fueron sucesivos viajes, hasta que le propuse hacer una película y ella aceptó. Creo que ayudó mucho “Gran Hermano”. En ese momento Hortensia, cuando podía, veía “Gran Hermano”, y me decía: “¡Oh! Este programa es más aburrido, no hacen nada estos!”. Y creo que cuando le propuse hacer la película, inconcientemente, ella  pensó: “Si hay 13 vagos metidos en una casa sin hacer nada, yo trabajo como una infeliz todo el día, ¿¡Por qué no me van a filmar a mí!?”.  Al principio miraba mucho a cámara.  Recién en el cuarto o quinto viaje le dije: “Che, Hoti, ¿podés no mirar a cámara?” y ella me dijo: “¡Me hubieses dicho antes! Yo pensé que era así, que tenía que terminar y mirar”, y yo me quería matar, uno a veces se complica mucho pensando cómo decirle las cosas, que le va a costar acostumbrarse, y nada que ver.

MA: Recién dijiste que en los primeros viajes, ya iba apareciendo una idea sobre cómo contar la historia de Hortensia. ¿Cuáles fueron concretamente esas decisiones formales a la hora de realizar la película?

MHC: Todo lo que venía haciendo era ficción. Me gusta mucho la ficción. Lo primero que decidí en cuanto a la forma, era que no quería hacer un documental, quería hacer algo distinto. Y desde ahí empecé a ver cuáles eran las posibilidades, cómo actuaba Hortensia frente a cámara, cuánto me podía acercar, desde dónde podía filmarla. De ahí fui armando la idea de tomar a Hortensia como un personaje y no como un protagonista de documental.
Al principio iba por un lado mucho más sutil. Y a medida que fui haciendo clínicas de desarrollo, una de las cosas que me reclamaban, era que no tratara de que la gente tenga una lectura que le iba a costar muchísimo y capaz que nunca la tenga. Entonces empecé a ver cuales podían ser las artimañas para que el diálogo con sus amigas o con mis familiares se dé y pueda simular un documental o una ficción. Era todo el tiempo jugar con esa idea. Lo que tenía claro era que no  podía tirarme nunca ni para el lado de la ficción, porque si se notaba que algo estaba ficcionalizado se iba a perder la credibilidad de la película, y tampoco podía tirarme para el lado del documental más clásico, de testimonios, porque no quería hacer un documental. Era todo el tiempo moverse en esa línea muy delgada y trabajar sobre eso e ir viendo cómo se daban las situaciones, cómo trabajar con ellos como personajes.

Fotograma de Criada

Fotograma de Criada

Ramiro Sonzini: ¿Hubo un trabajo de dirección sobre Hortensia?

MHC: Sí, hubo dirección con Hortensia y con los otros personajes. Con los que no hubo dirección fue con mis familiares. Ellos en ese momento no podían saber de qué se trataba la película, porque no iban a aceptar.  Y en esto de movernos en una línea, yo no quería poner un actor para que represente a mi familia, sino jugar con esto del documental y la ficción. Jugar con las formas en esto de cómo una cámara puede llegar a ese nivel de intimidad.

RS: Debe haber sido difícil filmar a tu familia…

MHC: Sí. En la primera etapa estábamos muertos de miedo.

RS: ¿Cómo les planteaste a ellos la idea de filmarlos?

MHC: Se los planteé más o menos del modo en que venía siendo el proceso, pero obviando el hecho del trato hacia Hortensia. Por supuesto que a los cinco días de verme a mí persiguiendo con la cámara a Hortensia, se dieron cuenta que la protagonista era ella. Cuando me lo preguntaron, les respondí que sí, que era la protagonista porque era la que más conocía la finca, la que la trabajaba todo el día ahí, la que hacía todo. Ahí hay algo muy interesante, y es el hecho de que la gente piensa en términos de protagonistas y no de antagonistas. Si ellos hubiesen pensado quienes eran los antagonistas no hubiera habido película.

RS: ¿Ellos nunca se negaron a que los filmes?

MHC: En la primera etapa, mi tía abuela me dijo que si los filmaba, que los filmara de lejos. Entonces ahí se planteó otro desafío formal. La primera etapa fue como de estar espiándolos.
A ellos no les podía pedir que no miren a cámara, era demasiado. Entonces fui trabajando de tal manera, para que se acostumbren a que yo era “Matías y su cámara”, “el hartante de Matías con su cámara”. Viste cuando estás en una fiesta de cumpleaños y hay uno sacando fotos y vos decís “ya parala”, bueno, así. De eso jugaba, por ahí tenía la cámara apagada, pero yo la llevaba y siempre apuntando, para que ellos digan: “¡Ya está. Me olvido del pesado este!”. Así fue la primera etapa, que la verdad que hubo mucho miedo porque siempre estaba la posibilidad de que te dijeran: “Basta, no me filmás más y se acabó”. Entonces muchas de las tomas son: mi familia y paneo rápido; mirada de mi tía abuela y paneo. Eso tampoco servía porque yo necesitaba que ellos caminen de un punto a otro, sin que miren a cámara y amenacen con la mirada.
Cuando fuimos la última vez, que ya no alcanzaba la plata para seguir yendo, les dijimos: “Ahora somos el mosquito, y estamos atrás y, te guste o no te guste, yo estoy acá”. Por eso, en esta segunda etapa, estabamos muy cerca todo el tiempo. A mí me gusta esto de la película, que vaya habiendo un acercamiento permanente, hasta el punto de poder estar en una comida con ellos. Ese era el punto que hablaba de mí como familiar de ellos. Yo no quería ser en la película, un personaje más, sino esto de ir acercándome a ellos con la cámara hasta alcanzar esa especie de intimidad que sólo yo como familiar podía lograr.

MA: Pensando tanto a nivel de la producción, como en  relación a aspectos estéticos y temáticos, ¿creés que el hecho de hacer cine desde el Interior plantea algún tipo de condicionamientos o particularidades?

MHC: Sinceramente, no sé que se espera del cine que hace la gente en el interior. Yo pienso que, al haber más libertad en la vida que vivir bajo el cemento de Buenos Aires, hay una libertad mayor en el cine. Obviamente no en todo, por supuesto que hay un cine distinto en Buenos Aires, el caso de Martel, Caetano, por ejemplo, que marcan que hay un punto de vista diferente al “estoy asfixiado, ¿qué hago?”, que suele ser un punto muy en común en las películas porteñas.
Igual creo que es muy prematuro hoy hablar de un cine en Córdoba, porque recién ahora se está empezando a filmar, todavía no sabemos de qué tratan las historias y como se van a contar.
Lo que sí creo, es que no hay en Córdoba aún, una especie de unidad en algún punto entre las historias que se están contando, lo que demuestra que la escuela de cine no es una escuela, porque si todos los que estamos filmando somos de la escuela de cine, y no hay ni un punto en común en nada, me parece que no hay una escuela, hay una formación técnica, una formación dispersa, pero no una formación de escuela. No quiero decir que todas las historias tengan que ser iguales, pero no hay una comunicación entre las películas que se están por hacer. Tampoco hay comunicación entre nosotros los directores, porque lo que está pasando hoy en Córdoba nadie se lo esperaba, que se estén produciendo cinco películas con el INCAA, nadie se lo esperaba.

RS: El cine argentino hoy por hoy se caracteriza por constituirse en una estructura de centro y periferia entre Buenos Aires y el resto del país. ¿Cómo realizador “de la periferia” sentís que existe un lugar para tu cine dentro de esta estructura?

MHC: No, creo que no. Lo que me terminó de demostrar un poco el panorama fue el BAFICI. Cuando hablamos de cine después de terminar una película estamos hablando de la crítica, de la distribución de la película, de cantidad de espectadores, estamos hablando de varios puntos que tocan al cine, no sólo si la podés mostrar acá o no. En ese sentido creo que no hay una apertura. Por ejemplo en el BAFICI, Linás acapara la crítica, la prensa, porque dentro de ese mundo independiente, él juega como un factor muy importante, y no hubo una apertura hacia otro tipo de películas.

MA: Respecto de eso yo creo que entre el BAFICI y la Universidad del Cine [FUC] hay una relación muy estrecha que termina de alguna forma parcializando la atención que se les da a las películas argentinas en el festival.

MHC: Lo que pasa es que la FUC es una escuela muy importante en el sentido de que técnicamente apoya la producción de largometrajes. Ésto es innegable. Y hace que se cree una especie de complicidad entre la FUC, que ayuda a que la gente haga cine, y entre el BAFICI que da el espacio para que se vea ese cine. En esta cadena, yo creo que llega un punto en que resulta perjudicial, porque los críticos se terminan cegando en que “esto es cine y esto no es cine”. A mí me sorprendió la primera crítica que salió de Criada, fue con unas relaciones a La libertad [Lisandro Alonso, 2001], y yo nunca había pensado en esa película cuando hice Criada. Me pareció que estaba bueno que otro señalara un punto en común con La libertad pero  en realidad no hubo un análisis de por qué se podían relacionar.
Y a su vez, lo que nosotros vivimos como algo muy importante por haber terminado un largometraje en Córdoba que va a competir en el BAFICI para ellos es una más de la competencia, que no van a ir a ver.

RS: ¿Vos crees que en esta periferia de la que hablamos, hay gente capacitada artísticamente y técnicamente para producir cine?

Matías Herrera Córdoba

Matías Herrera Córdoba

MHC: Creo que no hay todavía una formación que te aliente a hacer cine. Yo creo que hay una especie de miedo a hacer un largometraje. En la escuela de cine vos decís “largo” y sos un marciano, decís “INCAA” y es la muralla más grande que existe y en realidad no es así. Mientras vos no tengas un profesor que te muestre un poco cómo son las cosas no se puede superar ese miedo. Yo lo tuve, por ejemplo, como profesor en el Observatorio del Cine a Santiago Palavecino que ya estaba con su segunda película, a Santiago Giralt que acababa de estrenar Upa! [Santiago Giralt, Camila Toker, Tamae Garateguy, 2007] y estaba filmando dos películas más, a Carmen Guarini, a Lorena Muñoz que es una grosa, a Benjamín Avila, y todos me preguntaban por qué había dedicado un tiempo a filmar un corto como Mis pies cuando en ese tiempo podría haber filmado un largo. Y empecé a ver que la forma de producción que tenían ellos, era la misma que tenía un corto nuestro. Era manguear la comida, manguear el lugar que se podía, filmar con la plata que se tenia, después cuando salga la plata del INCAA se pagará, todos cobrarán, pero mientras tanto todos hacemos cine y es a pulmón. Y hoy en día se están por filmar dos largos en Córdoba, y ya hay problemas de cuánto se paga, de por qué se paga esto, que el 60% del sindicato… o sea, no se está pensando en cine, se está pensando en una industria, que es inexistente en Córdoba, en Catamarca, en Buenos Aires. Si no pechás por el amor al cine, por el amor al arte del cine, es muy difícil. En este sentido yo creo que falta escuela, en Córdoba y en las demás provincias .Y falta escuela en esto, en que alguien que hizo una película te trasmita que no te vas a morir por hacer una película, no vas a rematar tu casa. Santiago Loza es un ejemplo, filma con o sin plata.
Hoy en día tenés el digital y hay festivales que aceptan películas en digital, obviamente vas a tener que gastar plata, pero es mucho más accesible y ésto genera muchas más posibilidades de filmar una película. Los chicos que hicieron Upa!, filmaron con una cámara de 1 CCD, y la película te puede gustar más o menos pero es una película, terminaron una película y se vio. Me parece que eso es: animarse, meterle pilas, ser autocritico. Con Criada me pasaba por ejemplo que Lorena Muñoz, mi productora, me decía: “Mati, esto lo hacés o lo hacés, porque yo te mato si no lo hacés”, y yo le decía: “Bueno, lo hago total después lo descarto en el montaje, pero tengo el pedacito para mostrárselo”, y cuando lo filmaba me daba cuenta de que estaba buenísimo y podía quedar. Y al revés también, ella me decía que Hortensia tenía que terminar reuniéndose con su familia y abrazarse, y ella después me dijo “que suerte que no me hiciste caso porque hubiéramos cagado la película”. Era eso, estar discutiendo todo el tiempo, un ida y vuelta. Santiago Loza que me ayudó con el guión me decía: “Ya está la peli, andá y filmala”. Y yo no estaba seguro todavía, era otra postura. Para Santiago la peli es demasiado narrativa. Son posturas, ahí también uno como realizador tiene que decidir qué camino quiere tomar. Para mí el camino a seguir no es el de la radicalidad, sino el de un cine que te valla agilizando la cabeza como espectador y te vaya haciendo descifrar las ideas a través de algunas pistas.
Si en la escuela de cine hubiera gente que filma y enseña, como pasa en el Hugo del Carril o en los Cineclubes, que viene gente que hace cine y te cuenta como es su experiencia, eso es lo que sirve para que uno se anime.
También hay una realidad, y es que no todos los alumnos de cine piensan en el cine. No piensan en la forma de contar algo, en el por qué hacerlo, hacia dónde quieren llegar con el cine. Si uno no piensa en todas estas cosas no está haciendo cine.

RS: A la hora de hacer un cine de forma, llamémosle, “no convencional”, ¿pensás si al espectador le va a interesar ver tu película, y en donde vas a poder mostrarla?

Fotograma de Criada

Fotograma de Criada

MHC: Yo creo que hay muchos tipos de espectador. Yo pienso en el espectador que tiene conciencia crítica y punto. A partir de eso trabajo la película para que ese espectador pueda acceder a la película. Tiene que ver con la radicalidad del camino que como realizador toma uno. Yo a la hora de montar pienso mucho en si el espectador va a entender o no la película, hay otros realizadores que no lo hacen. A mi sí me sirve. Obviamente no estoy pensando en el espectador que todos los viernes va a ver una película pochoclera a los Hoyts, porque tendría que hacer otro tipo de cine para ese espectador. Sí pienso en un espectador que se encuentra frente a una película y tiene que ir tratando de descifrarla, pensarla. Es algo que yo disfruto del cine e intento que la gente disfrute. No estamos todo el día, y menos la gente que trabaja en algo no relacionado con el arte, pensando en algo más allá del trabajo. Mi viejo tiene un taller y esta todo el día pensando en el empleado, en el paragolpes de acá, en la fibra de vidrio de allá, en los productos que tiene que comprar, es una cuestión mucho más metódica. Y viendo un cine que te hace pensar, agilizás la cabeza, te cuestionás cosas. Que no sea como un pochoclo que te lo comes y no pensás más en ese pochoclo. Que sea algo que quede dando vueltas, que te haga reflexionar, que te modifique. Creo que ahí está el punto. Como cuando en los ‘70 se hablaba de la revolución, de cambiar, de dar un giro, creo que si cada uno desde su lugar intenta que otra persona de un giro en algo, esa es una lucha.

RS: Pensando también en tu trabajo como cineclubista, ¿qué lugar crees que tienen los circuitos alternativos de exhibición, como los cineclubes, a la hora de difundir un cine alternativo o independiente?

MHC: Los cineclubes son un espacio necesario para el espectador, ya que es casi el único lugar donde se puede ir a ver una película un poco distinta de lo que se ve en las salas comerciales generalmente.  Lo que pasa es que muchos críticos, programadores, cineastas, defienden a muerte el cine en 35 mm. Está buenísimo el cine en 35 mm, se ve genial, tiene todo el romanticismo que el artista pueda querer, pero también hay una realidad que tiene que ver con el elevadísimo precio de las copias en 35 mm, que va en detrimento del espectador. Con la plata que se necesita para hacer 1 sola copia de una película en 35mm se puede comprar un proyector digital buenísimo y acondicionar una sala, para poder ver cualquier tipo de películas. Entonces, si vamos a ser románticos en detrimento del espectador, creo que le estamos errando. Y los cineclubes hoy en día cumplen ese rol, de tratar de piratear películas que no van a llegar y mostrarlas de alguna forma. Si no se puede por las formas legales, se podrá por las ilegales.
Yo creo que a los cineclubes nos falta muchísimo. Nos falta lograr que el espectador se sienta cómodo en una proyección, nos falta lograr algo en común entre todos los cineclubes, que es lo que se está tratando de lograr entre los cineclubes de la provincia de Córdoba. Nos falta mucho trabajo. Cuando vemos los ejemplos de Europa, no tienen nada que ver, pero porque es una realidad distinta. Nosotros tenemos que construir nuestra propia realidad, ver como existir, subsistir, como llegar al espectador. La idea es trabajar para ir mejorando un poco y que la gente acceda. Esa es la realidad para los espectadores y para el cine que no se puede ver. Y para la industria, entendiendo industria por todo el cine que se produce, el cineclubismo le ayuda muchísimo a un público, pero hasta que no se consiga que los espectadores sean valorizados como espectadores no ayuda. Sirve pero no ayuda. Porque el cine producido por el INCAA se mide en números, y si esos espectadores no pueden ser contados, hay una falencia que nos separa de los realizadores.

MA: Contanos un poco sobre El Calefón Cine, cuál es su experiencia como productora independiente en Córdoba.

MHC: Nosotros como productora vamos aprendiendo sobre la marcha cómo producir y que producir. Una de las cosas que más nos alegró de empezar a producir con el INCAA fue el ubicarnos como un posible polo de difusión de cine desde Córdoba, porque hay toda una generación que se tuvo que ir a Bs As.: Santiago Loza, Liliana Paolinelli, que son contaditos con los dedos los que pudieron hacer su cine. Después hay otra generación, a la que nos tocó ver de cerca, en la que estaban los chicos que se llamaban Los Acorazados, que habían hecho La ciudad de los hombres lactantes, Eclipse, Sereno, otra generación que nos tocó ver cómo se iban yendo, y hoy en día están todos en Bs. As., y son contaditos con los dedos los que pudieron hacer algo.
Entonces nosotros estamos acá, y podemos empezar a tratar de producir desde donde estamos, y para otro cine de autor de Córdoba y del interior, y eso es algo que como productora vamos a ir aprendiendo, el cómo manejar las distancias, que cada vez son más cortas. Para nosotros es importante que si hay alguien que es del interior y quiere contar de una forma diferente, que no ande bochándose los proyectos o teniendo que ir a Buenos Aires, que pueda contar con un lugar que lo contenga, y no sólo sea un ámbito de producción, sino un ámbito de contención y de construcción. Esa sería como la meta a alcanzar. Primero empezamos con nuestras cosas y ahora estamos empezando a agarrar cosas de otros, como Yatasto de Hermes Parruello. Es una forma distinta de tomarse la producción, que lo que se llamaba casa productora realmente sea una casa en todos los sentidos y albergue tu proyecto desde todos los puntos de vista. A nosotros nos pasó eso con Habitación 1520, donde el proyecto se discutía desde todos los puntos de vista.

Matías Herrera Córdoba nació en Córdoba en el año 1982. Dirigió los cortometrajes La creciente (2001), Ensayo sobre el deseo (codirigido junto a Ezequiel Salinas, 2004), Calle de la libertad (2005) y Mis pies (2006). Forma parte de la productora El Calefón Cine y del Cineclub La Quimera. Criada fue terminada en 2009 y presentada como parte de la Competencia Nacional en el último BAFICI.

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CRIADA, una película de Matías Herrera Córdoba

Jueves 06/08 – 20.30 hs. – Función especial del Cineclub La Quimera en el Teatro La Luna (Pasaje Escuti esquina Fructuoso Rivera)

Viernes 07/08 y Sábado 08/08 – 21 hs. – Cines Gran Rex – Sala 8 – Rivera Indarte 139

Domingo 09/09 – 20.30 hs. – Cineclub Municipal Hugo del Carril

el adelanto y más información en el blog del Cineclub La Quimera.

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Una respuesta to “Una charla con Matías Herrera Córdoba”

  1. monica Says:

    hola ! soy monica coliqueo me interesa saber si en Buenos Aires se esta por ver la pelicula . como puedo hacer para conseguir verla.??

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