Entrevista a EZEQUIEL ACUÑA

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por Martín Alvarez y Ramiro Sonzini

¿Cómo te empezás a meter en el cine y cómo decidís empezar a hacer cine, ponerte del lado de la realización?

Empecé a estudiar en el ’98. Hice la carrera de dirección de cine entre el ’98 y el 2000 e independientemente hice varios cortos. El primero lo filmé en el ’98. También había estudiado música un año. No tenía una formación artística clara de lo que era el cine, era un espectador más. Iba mucho al cine como espectador, pero no tenía una claridad de lo que era el buen cine, o no tenía idea de las vanguardias. Cuando estudiás se te ordena todo eso y te agarra un poco la curiosidad de salir de un lenguaje, de un sistema de hacer cine al que estás acostumbrado como espectador. Es cuando descubrís otros cines, cine europeo, cine de otros países, cine en blanco y negro. Egresé en el 2000 y en el 2001 empecé a filmar Nadar sólo.

¿Cómo fue, en ese momento, el salto, tomar la decisión para encarar un primer largometraje?

Los cortos que había hecho fueron como bocetos de algo que me interesaba. Eran cortos largos, no tanto basados en ideas sino también en tiempos, en estados. Me daba cuenta de que necesitaba determinada cantidad de tiempo para poder narrar lo que quería o lo que tenía en la cabeza. El largo surgió por esa necesidad. Sobre todo por como es la película, por tener muchos temas ligados a la adolescencia, al colegio, sentía que tenía que apurarme porque no podía esperar tanto tiempo para filmar sobre eso. Necesitaba aprovechar la cercanía de edad para tocar ese tipo de temas. Al mismo tiempo me parecía que había ciertas cuestiones ligadas al amateurismo desde lo técnico, a cierta imperfección que sabíamos que iba a ayudar.

Fotograma de "Nadar sólo", ópera prima de Ezequiel Acuña.

Fotograma de "Nadar sólo", ópera prima de Ezequiel Acuña.

¿Y por qué elegís la temática de la adolescencia?

Está un poco dividido. Por ahí Nadar sólo habla de algo que se está terminando, del fin del secundario, los 17, los 18, qué hacer en el futuro. Como un avión estrellado habla de los 20, de un tardío adolescente que tampoco sabe mucho qué hacer, pero está en otra etapa. Es una adolescencia que un poco se le terminó de golpe. Tiene mucho que ver con una etapa personal mía, de los 18 a los 24 a dónde no sabía que corno hacer.

En todas tus obras se puede ver eso, un anclaje importante con la realidad y con tu realidad. ¿La importancia que le das a la música en tus películas también tiene que ver con eso?

Estudié música, tuve una banda, pero tampoco trascendió de eso. Sí hay un gusto por la música, pero tiene que ver más que nada con que cuando sabés que estás haciendo películas bastante chicas, y tu gusto también es paralelo a la música, vas a recitales, ves bandas, y a mi me resulta más divertido buscar bandas nuevas en castellano, bandas que a mí me generen algo, que especular con otras cosas que si bien pueden estar buenísimas se hace difícil meterlas en un contexto argentino. Por eso traté de buscar bandas de acá y metiéndolas en un contexto de una película de acá, de Buenos Aires, por ahí cierra más, es más creíble. Poner un tema de Jaime Sin Tierra me parece más significativo que poner un tema de Beck, por más que el de Beck pueda ser un tema buenísimo. Sobre todo por el tono de la película. Y soy como medio fanático de eso. Trato de usar la música no en el sentido clásico que se usa en el cine, tipo Bernard Herrmann o los músicos clásicos del cine que ponen la música a tiempo con la imagen. Yo lo que trato es buscar ideas musicales que generen ciertas sensaciones.

En las escenas de cámara lenta se ve claramente esa búsqueda a partir de la música, generando sensaciones, emociones, más que acompañando el ritmo de la acción como decís vos que pasa con los músicos clásicos del cine. Alguna vez dijiste que habías tenido cierto miedo con poner ese tipo de escenas.

Sí, tenía miedo porque me parece que el cine tiene un límite tanto en los chistes, como en los recursos, un límite de pasar a ser medio grasa. En ese momento me daba miedo el tema de la cámara lenta, además por estar tan asociada a la publicidad, al clip. Igual me pareció que era necesario, que estaba bueno encontrar un estilo y también darle un toque onírico, eso que te pasa a determinada edad que, por ejemplo, te gusta una chica y pasa caminando y no sé…cada uno le pondrá la canción que tenga ganas.

Lo importante es que más allá de lo bello de esas escenas, de lo bello del acompañamiento musical y el ritmo de las imágenes, tiene todo un sentido que sirve a la historia. Me acuerdo de algunas críticas, por ejemplo, a Wes Anderson, que usa mucho ese recurso, a dónde muchos entendieron que esas escenas en rallenti, por más estéticas que fueran, no decían nada, estaban vacías.

Tal vez el problema aparece cuando el recurso lo explotas demasiado y lo volvés demasiado de un mismo estilo. Lo que pasa por ejemplo con Wong Kar-wai, la primera vez que viste una cámara lenta de Wong Kar-wai se te voló la capocha y seguís viendo y llega un momento que decís “Bueno, ya está flaco, ya te entendí…”.

Volviendo a algo que dijiste de las sensaciones que aparecen en una época particular, es llamativo en tus películas cierta mirada que tenés sobre los adolescentes con respecto al espacio, como buscan lugares fuera de los límites urbanos, el mar, los bosques, y el contrapunto que se da entre esos espacios y las ciudades.

Vivir en Buenos Aires tiene por un lado está bueno y por otro está esa sobrecantidad de cosas. Más allá de ser películas de adolescentes, creo que no se nota tanto, no es una película de un trabajador que se toma el colectivo… sí son como personajes tipo El cazador oculto, que deja todo, se va a la mierda y quiere buscar algo. Siempre en el viaje me parece que hay de origen una búsqueda, una especie de sorpresa misma del encuentro. Buenos Aires no tiene mar, entonces te tenés que ir a Mar del Plata, bosques tampoco. Son espacios que te dan un poco de respiro.

En esa búsqueda en que se meten los personajes aparece siempre la mujer. ¿En qué sentido ves esa presencia de ellas?

Es una presencia que es bastante rara según como yo lo entiendo. Rara en el sentido de la imagen con que uno presenta a las mujeres. Las filmo más que nada desde lo idílico, lo naïf, las cosas más simples pasan a tener un lugar muy importante, lo sexual no tiene lugar para nada. No se si está bien ver a las mujeres solamente como una cosa idílica porque hay otras cosas que no se profundizan. Se ve que hay personajes estéticamente lindos, uno les pone música, pero no dicen mucho y no tienen mucho conflicto. Debe tener que ver con alguna incapacidad mía de relacionarme.

Ezequiel Acuña durante el rodaje de Excursiones, su último largometraje.

Ezequiel Acuña durante el rodaje de Excursiones, su último largometraje.

Contanos un poco de Excursiones, tu próxima película.

La película está tomada de un corto, Rocío, que se hizo en el ’99. Es un reencuentro entre los dos personajes de ese corto, diez años después que es el tiempo que casi pasó desde que lo hicimos. Un juego tipo Antes del amanecer, Antes del atardecer. Los actores casi ni se habían visto todo este tiempo, así que me pareció que de esa experiencia que había sido buena, de laburar con poca gente, por qué no repetir un poco el esquema de película que había tenido el corto, que habíamos disfrutado tanto, repetir todos los códigos que había tenido. El rodaje fue casi lo opuesto a Como un avión, que fue bastante tedioso, bastante pesado, bastante sobreexigente. Yo no terminé de disfrutar mucho el rodaje mismo. Y creo que la película fue un poco el resultado de cosas que van pasando en ese tiempo, entre fines de 2003 y 2004 que habíamos escrito un guión mucho más para arriba terminó siendo una película que la terminé en 2005 mucho más para abajo. En 2006 me alejé mucho del cine y se retomó en 2007 a trabajar con esta película. Es una película mucho más de cámara, de actuaciones, que sigue con la estética que había tenido Rocío, en blanco y negro. Rocío estaba en Super 8 y esta en Super 16. Era como empezar a trabajar de una manera que tengamos resultados más inmediatos, que vayamos trabajando con algo más vivo. Adaptarte a algo más chico en cuanto a producción, locaciones, a que el sonido sea directo, cámara en mano, sin que por eso sea una especie de Dogma sino una cosa prolija. Lo primero fue disfrutarlo, hacerlo con amigos y después encontrarle un sentido a todo eso.

¿La película empieza a circular el año que viene? ¿Cómo tenés pensada la distribución?

La película ya está editada, está coproducida por Matanza que es la productora de Pablo Trapero pero todavía falta una plata del INCAA para ampliarla y terminar algunos retoques de sonido. Como están los números hoy por hoy se tendría que estrenar con dos copias, capaz ponerla en una sala comercial. Hay que buscarle el público a la película, por más que sean 2000 o 3000 personas, que la película llegue a ese público, en cualquier lado. Tratar de entender que la distribución no solamente es salir a todo nivel con publicidad, lanzamientos, boludeces.

Un poco retomando esto que decís, ¿cómo ves, más generalmente, el estado actual del cine, las dificultades para hacer cine en el país?

Se está haciendo menos cine. Hay una cuestión económica que es clave. El cine es el arte más caro de todos. Una película chica te sale quinientos mil pesos como mínimo y si te ponés a desglosar toda la gente que laburo en una película, mas allá de que laburés con pocos actores, con pocos técnicos, en un laboratorio ya tenés diez personas que laburaron en el proceso de la película. Y llegás a que por ahí esos quinientos mil pesos estuvieron repartidos en el laburo de cincuenta personas. Primero que es una actividad difícil de por sí, y después que es una actividad en la que podes ser el tipo más talentoso del mundo pero hay un plus que te tenés que bancar, o por el lado del INCAA o por el lado de la independencia absoluta. Te tenés que adaptar a eso. Sí me parece que hay una desproporción en relación a la cantidad de gente que estudia cine y las dificultades que hay para hacer cine.

¿Como viste este año de cine argentino? Hubo grandes películas como Historias extraordinarias, Los paranoicos, y las nuevas películas de Trapero, Martel o Alonso.

Los paranoicos me parece la mejor película del año lejos. Me parece que se desvalorizó mucho, inclusive le fue bastante mal en taquilla. Pero es una película increíble. Hendler está en el mejor papel de su vida, la música está buenísima, hay escenas impresionantes. La película de Mariano [Llinás], que tiene un papel en Excursiones, no la vi. Me parece que está bárbaro lo que hace, de salir un poco del sistema. Igual es él también, es su nombre, hubo aportes privados, porque pareciera que salió con una cámara a tirar planos, y hubo treinta, cuarenta mil dólares que alguien los puso. Me imaginó que la película debe estar buena y está bueno que haya usado otros medios para hacerla. Uno si quiere hacer cine en fílmico tiene el INCAA que es un derecho, no es un pedido, y ese es el debate que tengo con Mariano. Si el INCAA funcionara bien no sería un órgano tan peligroso,  el equilibrio de películas sería mayor. Lo de Mariano es un cansancio de eso y es mostrar su teoría de que haciendo una película con un montón de locaciones, en un género como la aventura, filmando en África, le tapa la boca a mucha gente que dice que una película sale tres millones de dólares. Liverpool me gustó bastante, igual me parece que Lisandro tiene una especie de sistema con el que puede hacer treinta películas iguales y recién en la número veintiocho cambiar una pequeña cosa. Le funciona ese sistema y me parece que es bastante honesto con eso. Lucrecia Martel creo que está arriba de todos, sí es una persona que se pueda considerar de primer mundo a nivel artístico. Y la película de Trapero me parece que tiene muchísima intensidad, si bien es muy despareja a nivel narrativo, tiene momentos de realismo de talla, de él apareciendo con su cámara, cazando algo, de una manera muy realista y muy violenta. Después hay un montón de películas, y se da la discusión de siempre. Hay directores que no deberían seguir filmando porque ya hicieron siete u ocho películas y son todas malísimas, y tendrían que tener más crédito directores como el caso de Trapero o Martel, debería haber una ayuda obligada. Me parece, igual, que fue bueno el año de cine argentino.

¿Te parece que se esté dando algún tipo de renovación a nivel estético?

El caso de Liverpool, Leonera o de Martel no, siguen en la misma línea. Y el caso de Los paranoicos me parece que va más por la línea de Szifrón, aunque me gusta más lo que hace Medina. La cagada es si te repetís. Si encontrás una forma nueva de avanzar, tipo Lucrecia Martel, me parece que está bueno. A mí me gustaría narrar más clásicamente, hacer algo más abierto. El problema es cuando se sigue un modelo que ya se sabe que está aceptado en todo el mundo, eso te quita verdad y personalidad.

EZEQUIEL ACUÑA estará presente este Domingo 13/9 a las 19 hs. en Cinéfilo (Bv. San Juan 1020) como parte del ciclo “Comedias sin felicidad”. Se proyectará su ópera prima “Nadar sólo”, precedida de su cortometraje “Rocío”.

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