1/10 – CINECLUB LA QUIMERA en LA LUNA

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20.30 HS. – TEATRO LA LUNA – PASAJE ESCUTTI 915 ESQUINA FRUCTUOSO RIVERA, CÓRDOBA CAPITAL

A partir de esta noche la retrospectiva dedicada al maestro Chris Marker se muda al Cineclub La Quimera.

Chris Marker: La lupa cinecartográfica

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La felicidad, de Aleksandr Ivánovich Medvekin (URSS, 1934, 64 min.). Cortos previos: El tren en marcha, de Chris Marker (Francia, 1971, 17 min.)

Más información en el blog de Cineclub La Quimera.

LAS TELAS Y EL JUICIO

por Martín Alvarez

Cierto tácito consenso cinematográfico contemporáneo parece practicar un dictado a dónde las relativas virtudes de procedimientos vinculados a la “distancia”, al “mero registro” y a la “observación pasiva” son exhaltadas al problemático y poco convincente estatuto de ley estética. Alexander Ivanovich Medvedkin formó parte de una generación que se animó a concebir el cine como instrumento de lucha y de acción sobre el mundo. No se trata aquí de salir a proteger un verdaderamente mal cine que al sesgarse ideológicamente no ha podido dejar de cerrarse sobre sí mismo; tampoco de olvidar formas cinematográficas que talentosamente han encontrado, a partir de la paciencia y la distancia para observar la realidad, una forma de posicionarse políticamente. Sí de recordar, en medio de un cine contemporáneo más bien proclive a la indeterminación política, que la grandeza de un film como La felicidad (1934) de Medvedkin, probablemente radique en que, a la vez que exhibe sin esquivos su postura, lo hace a partir de una nunca complaciente autocrítica. En esta autocrítica Medvedkin sale airoso de los vicios a los que es susceptible cualquier cine de tendencia ideológica explícita: el cierre de los discursos, la retórica sorda como imposición de una idea antes que como un llamado a debate. El segundo tramo de la película de Medvedkin es ejemplar al respecto. El realizador expone sin rodeos los problemas de la implementación abrupta de formas de economía colectivas en el territorio soviético, y no se salva nadie. Campesino, autoridades, clero, ex propietario… todos quedan involucrados cuando Medvedkin lanza su directa ironía sobre la dura adaptación al modo de vida en los koljós. No importaba tanto señalar los enemigos entre las propias filas sino comprender las dificultades y las necesidades inherentes al aprendizaje de un nuevo modo de vida. A mitad de camino entre la primera vanguardia de cine ruso y el realismo socialista que degeneraría en modelo de arte de la URSS, La felicidad entendió al cine como una herramienta política de apertura de discursos, de conciencias, como un gesto de confianza en un espectador capaz de discutir constructivamente con su película y de vincularse críticamente con las condiciones de vida que ella comenta. Algo que ocurre también, de un modo singular, con la obra del francés Chris Marker, a quien además debemos en gran medida la revelación de este cineasta ruso tan a menudo callado por los manuales de historia (oficial) del cine. En ese sentido, no dejo de sentir empatía hacia una cartelera compartida por La felicidad y una retrospectiva del realizador francés: Medvedkin y Marker, honestidad e inteligencia para traducir ideología en un cine de relación activa con el mundo.


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