9/10 – PEDRO COSTA en LA NOCHE DEL CAZADOR

by

21.30 HS. – CINÉFILO – BV. SAN JUAN 1020, CASI ESQUINA MARIANO MORENO

Ciclo Vote por Pedro (Costa)

Juventude em marcha

Juventud en marcha, de Pedro Costa (Portugal, 2006, 155 min.).

El crítico de cine australiano Adrian Martín, en su libro titulado “¿Qué es el cine moderno?”, esboza una posible respuesta a aquel interrogante clásico baziniano afirmando que lo moderno “es una activa dificultad por seguir los estragos del tiempo –estragos marcados en el tiempo por las dos guerras mundiales; y en aquellos individuos que, de un modo u otro, luchan por definir sus identidades en relación con los tiempos y sensibilidades cambiantes”. Es decir, un cine que se encuentra a la vanguardia, que se permite nuevas instancias para ver y pensar las imágenes, una nueva experiencia perceptiva acerca del mundo.

En este sentido, en su afán de ir más allá, de avanzar –de cuestionar y subvertir los límites de su propia producción, sus condicionamientos- el cine siempre ha sido moderno, y en consecuencia, siempre han existido directores modernos en todas las épocas del cine: Fritz Lang, Yasujiro Ozu, Jean-Luc Godard, Jean Marie Straub y Danièlle Huillet, Jacques Tati, entre otros. Todos ellos han hecho de sus films experiencias  subjetivas que dan cuenta de los “estragos del tiempo”, de la fusión del drama psicológico con el plástico,  de la necesidad de formular nuevas preguntas.

Los films de Pedro Costa son, en este caso, un ejemplo clave para entender la respuesta delineada por Martin acerca del estado del cine. No sólo existe un estilo moderno en Costa en cuanto a la excepcionalidad (y radicalidad) de su puesta en escena, sino también en lo que respecta a su manera de filmar, de contar las historias, de relacionarlas, de retratar a sus personajes y lugares comunes, de desdibujar el límite entre lo ficcional y lo documental, y hasta en el particular uso que hace del digital. En la secular Historia del cine, la filmografía de Costa escribe una nueva página, y señala que aún, en estos tiempos de hegemonía visual, hay que seguir resistiendo.

Costa no conocía el barrio de Fontainhas , al norte de Lisboa, hasta que filmó Casa de Lava (1994), en Cabo Verde.  De regreso hacia el continente, los habitantes de la isla le encomendaron al director una bolsa repleta de cartas y tabaco para repartir entre sus familiares residentes en el barrio. Aquel primer contacto (y primera visita) fue lo que alentó la realización de su siguiente película Ossos (1997), una mirada (por el momento, distante) acerca del  barrio y a sus protagonistas, a partir de la historia de dos jóvenes padres que deciden abandonar a su hijo recién nacido. Durante su rodaje, conoció a Vanda Duarte y a su familia, con quienes generó un estrecho vínculo que luego se materializó en En el cuarto de Vanda (2000): un retrato íntimo de Vanda y su hermana Zita, que tiene por contexto las drogas y la demolición del barrio. En cada una de estas películas, Costa anunciaba aquello que protagonizaría a la siguiente -una suerte de  film-ensayo-, sirviéndole  de plataforma para arribar a esa instancia en que una sola imagen albergara a todas las imágenes, donde  todas las historias se encontraran interconectadas y atravesadas al mismo tiempo, en todos los tiempos: esa apoteosis cinematográfica resultó ser  Juventude em Marcha (2006).

Ventura, un trabajador de la construcción retirado, transcurre sus días contactando a (quienes cree que son)  sus hijos, entre las ruinas de Fontaihnas y las nuevas viviendas estatales. No existen acontecimientos extraordinarios, es el fluir mismo de la vida aquello que se vislumbra en el film: la rutina, la cotidianeidad, la mecanicidad de las acciones. Sus personajes, son presencias fantasmagóricas que deambulan junto a Ventura por los encuadres, aportando en cada encuentro un retazo de historia, un pedazo de diálogo.

A partir de esta presencia enigmática que resulta ser Ventura (poco sabemos sobre su vida), su andar se convierte en el nexo que interconecta los diferentes fragmentos del film. Las historias de los hijos se cruzan (Vanda nuevamente en pantalla), se enlazan con el pasado (el vínculo con Lento, un accidente laboral, la dictadura de Portugal, los paseos por el jardín) y se reinscriben en un siempre presente. Juventud em Marcha es un film que, además de dialogar con las anteriores películas de Costa, también lo hace con la Historia –como afirma el crítico de cine Fernando Pujato- convocando a un tiempo pretérito para entender el presente, buscando sus huellas , estableciendo relaciones. Una carta de amor o una canción , por ejemplo, permiten crear un puente con el pasado colonialista en Cabo Verde (Casa de Lava), con el devenir de aquellas generaciones hijas de inmigrantes en el barrio (Ossos, No quarto da Vanda), con la destrucción del barrio y su posterior traslado (No quarto da Vanda).

Sin embargo, no sólo sus personajes se presentan misteriosos. La mise en escène a partir de la cual Costa muestra al barrio de Fontaihnas y sus habitantes, es cautivante; la forma exige prestarle atención (el “He aquí”: la presentificación como privilegio de la imagen). Desde la disposición de los personajes en el encuadre, la profundidad de campo y las líneas de fuga, la predilección por el sonido diegético (la aserción, el privilegio del éste), los planos fijos contemplativos, los ángulos picados y contrapicados, los colores ocres de las casas y su contraste con el blanco fulgurante de los nuevos edificios, las panorámicas ‘straubianas’ del jardín –su contenido está en aquello que esconden: el pasado, las ausencias- ; son decisiones que hacen de la representación del barrio una imagen justa (en el sentido daneysiano) simple e indefinida, que conserva su enigma provocando el pensamiento.

Quizás Juventude em Marcha sea -en comparación al resto de los films que componen esta suerte de “cinebiografía” de los márgenes portugueses – aquella en donde las puertas tengan mayor protagonismo: se cierran y se abren constantemente a lo largo de sus 24 fotogramas por segundo. En realidad, su elección implica pensar en que hay determinadas imágenes que serán accesibles y otras que no, que se resistirán a mostrarse en su totalidad, y que en última instancia, abrir o cerrar esas puertas, dependerá de quien mire.   El cine para Costa es un arte de lo que falta, en donde la necesidad de reverlarlo todo  dispersa y limita al espectador.

Muchos profesaron la muerte del cine, su fin. De hecho, aquello que declararon agonizante era una concepción, una manera de ver, una política de las imágenes. Las películas de Pedro Costa exigieron reexaminar aquella sentencia, renovaron la esperanza perdida, recuperaron la idea de trabajo que implica el oficio de un cineasta e impulsaron las formas cinematográficas hacia un universo desconocido. Si como postula Adrian Martin, “cualquier film es una ilustración de la modernidad”,  el cine de Pedro Costa es un espejo contemporáneo que posibilita la comprensión del estado actual del mundo, del cine.  Y Juventude em Marcha, la cita ineludible para observar cómo se hunden los estragos del tiempo en una imagen.

Eva Cáceres

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s


A %d blogueros les gusta esto: