11/10 – CINE ARGENTINO en CINÉFILO

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20.30 HS. – CINÉFILO BAR – BV. SAN JUAN 1020 (casi esquina Mariano Moreno) – CÓRDOBA CAPITAL

CINE CONTEMPORÁNEO ARGENTINO. Recorridos.

Segunda parte: La realidad de la representación

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La libertad, de Lisandro Alonso (Argentina, 2007, 73 min.).

Muchas libertades

El cine ha intentando muchas veces abordar ideas o conceptos absolutos con el fin de otorgarles una cierta materialidad en poco menos de dos horas de discurso audiovisual. La soledad, el miedo, la locura. Los sustantivos se suceden interminablemente, sin embargo, las películas que puedan hablar sobre una idea compleja y su capacidad de sentido ad infinitum son pocas. La Libertad, de Lisandro Alonso, es una de ellas pero, además, es un auténtico ensayo sobre todo aquello que hace que el cine y la vida cotidiana sostengan una relación de continuidad verdaderamente inquebrantable.

Concretamente, La Libertad es un recorte en la vida de Misael Saavedra, hachero pampeano que vive solo en medio de un campo, sin más compañía que los árboles que constituyen la materia prima de su trabajo. A lo largo de la película vemos a Misael recorrer el monte, talar, juntar sus troncos y volver a su refugio, comer, dormir. En este sentido, la libertad que muestra Alonso es aquella que se relaciona a un libre manejo del espacio-tiempo. Misael es quien decide cuándo parar a tomar agua o qué radio escuchar mientras come. Nadie más está allí para impedir que haga o deje de hacer lo que él quiera. Misael vive para sí mismo, libremente.

Sin embargo, esa libertad no se presenta como un concepto puro. Luego de lo que parece ser una mañana de trabajo como cualquier otra, Misael come y se acuesta a dormir. Mientras su mirada se pierde en un haz de luz, la cámara se aleja de a poco y empieza a recorrer la naturaleza que rodea al refugio hasta encontrar el alambre que indica los límites del campo en el que vive Misael. Ese travelling lo dice todo. Misael vive en su propio mundo, pero ese mundo está cercado. Su aparente refugio natural no es más que un campo cerrado del cual tiene que salir para vender su producto, para entrar en contacto con su familia o, simplemente, para intercambiar apenas algunas palabras con los otros. Vemos entonces que aquella libertad retratada no es más que una parte del todo. Afuera, sobrevive el mundo y su racionalidad formal.

Entre estos dos extremos se conforma la complejidad de Misael como personaje y, aún más, como persona. Porque, más allá de algunos cambios en función del guión, la vida del hachero es la misma que se insinúa en este recorte de setenta y cinco minutos: Misael persona y Misael personaje son parte de un mismo discurso. Por eso, la película debe entenderse más allá de los límites entre documental y ficción. Y es el mismo director quien da la pauta de esto. Como en el caso del travelling antes mencionado, Alonso no reniega de la presencia de la cámara y no hace nada para esconderla. La cámara está ahí, expectante. Mirándolo todo desde afuera, como pidiendo permiso. Pictorizando una historia de vida singular que, al mismo tiempo pueda hablar de la vida como sustantivo.

Pero además, la película y su proceso logran construir un enunciado conjunto, coherente. La cámara da cuenta de la posibilidad de transformar a una persona en un personaje y recrear su medio de vida como el escenario de una puesta en escena sin fisuras (imposible olvidar los planos de Misael entrando y saliendo de escena, mimetizándose con el paisaje). Esa es, precisamente, la otra forma de libertad que se hace visible. Alonso abandona la convención y abraza una idea completamente personal -y, por ende, libertaria- de cine. Filma lo que él quiere y cree que debe filmar. Hace un cine en donde el arte refuerza sus conexiones con la vida a partir de un vínculo que, gracias a la cámara y su forma de abordaje de lo real, se hace más estrecho.

Por eso mismo, lo que muestra Alonso es una libertad múltiple y multiplicada, a veces positiva y otras como negación de lo hegemónico. Por un lado, la vida de Misael supone un sentido de libertad ascética, signada por la idea de escape y refugio de todo y de todos, pero también representa una decisión personal. Por el otro, el mismo cine de Alonso es el que muestra otra idea de libertad. Una libertad artística posible, auténtica, sin mediaciones mercantiles, pero relegada a un circuito determinado. Ambas historias -lo narrado y su proceso de realización- construyen dialécticamente el concepto total que muestra la película. La libertad es alejarse, vivir para uno mismo, autogobernarse. La libertad es, también, hacer una película casi sin diálogos, a partir del retrato fílmico de una persona encerrada en su propio medio de vida, y desoyendo a las distintas formas de poder institucionalizado.  Juan Manuel Pairone.

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