Aproximaciones críticas a SANTIAGO de Joao Moreira Salles

by

1

Podría decirse que esta película tiene un aire Proustiano, el mismo realizador lo admite. Tanto director, como dirigido, se embarcan en un viaje al pasado, en busca de un tiempo perdido. Recobrar el tiempo de la niñez y también recobrar aquellos trozos de filmación efectuados hace más de una década. Allí, en esos rincones ocultos tras el follaje de la memoria, la verdadera percepción de los objetos se encuentra en el recuerdo. Mirar una silla, un árbol o una habitación vacía produce sensaciones y asociaciones rescatadas azarosamente del olvido. La vida no es comprendida al ser vivida, sino en el recuerdo, recordar es terminar de vivir aquello que se vive y se recuerda. Santiago dedicó gran parte de su existencia a escribir la historia de los más diversos linajes aristocráticos que habitaron la tierra. Para Santiago, ellos no están muertos, ya que él los ha salvado de la muerte mediante su prodigiosa memoria y la escritura. A su vez, Salles, a través de su cine, nos invita a vivir sus recuerdos mediante este testimonio fílmico. El cine participa de una naturaleza similar a la de los sueños y los recuerdos. Pasolini sostuvo, que “todo esfuerzo reconstructor de la memoria es una “continuidad de im-signos”, es decir, de modo primordial, una secuencia cinematográfica.”(P.P. Pasolini, cine de prosa y cine de poesía.).

En el film, como el mismo realizador también lo admite, se exponen decisiones a las cuales enfrentarse a la hora de construir una obra y a la vez se narra el proceso creativo con sus consiguientes frustraciones y hallazgos. Se recurre a lo que podría denominarse una “narración a la segunda potencia”. Por una parte la narración del proceso y por la otra, el contenido del mismo. Nos encontramos ante un documental, pero al mismo tiempo ante un ensayo sobre cine.

En el cine regido por Modelo de Representación Institucional, el cineasta entrega el producto acabado y permanece en una suerte de invisibilidad artística. En el cine moderno, la premisa es “hacer sentir la cámara”. Se trata, como dice Adrian Martin, de un cine del riesgo, no del dominio o del control que caracterizaba a la institución del cine clásico.
Hay una escena en la cual Salles, a través de planos de su antigua casa, se pregunta cómo estaban dispuestos los objetos originariamente antes de ser filmados y modificados por la puesta en escena ¿Había allí una silla o una silla y un florero?. El paso del tiempo ha tornado difusas las fronteras entre realidad y representación. En este sentido, el film, también se desenmarca del cine tradicional. Esta presente lo que Barthes definió como “la activa dificultad de seguir los estragos del tiempo…en aquellos individuos que, de un modo u otro, luchan para definir sus identidades en relación con los tiempos y sensibilidades cambiantes…”(Roland Barthes, Querido Antonioni).

Entre Salles y Santiago, existe un contraste. Santiago admira, y ha retratado en sus apuntes las vidas de familias aristocráticas. Salles realiza, de alguna manera la operación inversa y retrata a quien fue su servidor. En este acto, el realizador toma un posicionamiento ético y estético. Reconoce, a su pesar, que en los cinco días de filmación no pudo acercarse lo suficiente a Santiago. Santiago no dejó de ser el mayordomo y Salles siguió siendo, de alguna manera, el amo. Esa es la razón por la cual la cámara toma cierta distancia y no hay un primer plano de Santiago en el film.
A través de la repetición el cineasta busca lograr la escena y el plano justo. Flaubert, decía que en una novela una palabra no puede ser cambiada, porque cambia todo el sentido de la novela. Salles nos demuestra que lo mismo puede ocurrir en una película con un plano. La cita de Herzog resulta pertinente, el mejor plano, es muchas veces el que no esta en el guión, aquel que ocurre accidentalmente.

Sebastian Gonzalez

2

En sus notas Bresson dice que a veces un conjunto de imagenes bellas puede resultar desagradable. Cada cual tendra sus motivos, el mio principalmente lo resumo en el siguiente sentimiento de Barthes que escribe bajo el titulo de Marcianos: “uno de los rasgos constantes de toda mitologia pequeñoburguesa es esa impotencia para imaginar al otro ( …) alienado por la identidad, la mas fuete de la apropiaciones”. El viaje poetico esta lleno de trampas, pequeñas y grandes miserias no exentas de revelaciones mas tristes que alegres a pesar de lo estrambótico del personaje, sujeto que difícilmente puede resultar simpatico cuando se lo escucha regodearse de su admiración por la clase social que mas tragedias causa a la humanidad pero que al mismo tiempo no puede dejar de darnos lastima por saberlo una victima mas de ese discurso introyectado y repetido con exacta pestilencia. Esos años, del 56 al 86, que el describe como una suerte de paraiso terrenal son justamente algunos de los cuales Freire tuvo que exiliarse de Brasil porque su pedagogia del oprimido estaba resultando suficientemente subversiva contra el tipo de idea que Santiago replica extasiado. Esa es precisamente la diferencia entre los mundos. Pero hay una sensibilidad hacia lo que esta fuera de mi experiencia material pero que puedo integrar para vivirlo en un plano que me permita aunque mas no sea disminuir la distancia entre los mundos; y eso esta lejos del univeso pequeñoburgues y sus epígonos. El director no es sino otro claro ejemplo de esa impotencia para imaginar al otro, incluso lo reconoce en relacion a la ausencia del primer plano. Pero hay algo mas, Santiago no vale por si mismo, sus historias no interesan por ellas, ni por el ni para el; el no vale mas que como reflejo de una memoria, la de Salles, que quiere verse mejor. “Cuando vuelven, en la nueva casa, los recuerdos de las antiguas moradas, vamos al país de la infancia inmóvil, inmóvil como lo inmemorial (…) evocando los recuerdos de la casa no somos nunca verdaderos historiadores, somos siempre un poco poetas y nuestra emocion tal vez solo traduzca la poesia perdida” afirma Bachelard en “La poetica del espacio” uno de los textos más bellos para experimentar la presencia de los espacios, para recuperar sus pesos, sus densidades, sus energias en una dialectica constante entre ese “retorno al pais natal, retorno de aquel que ya no necesita ser invitado” y ese devenir constante que no se arraiga nunca a las geografias. Salles tuvo su cajon de los recuerdos frente a su camara y lo escudriño con la mirada propia de quien no puede mas que mirar su doble. En este teatro de la vida Santiago no solo no dejo de ser un titere y Salles un titiritero, que tiranicamente manipulaba a su muñeco, sino que por esa impotencia implantada a fuerza de educación segregacionista ninguno de los dos pareció sentirse incomodo en sus respectivos lugares…o quiza sí, pero no más que las que marcan las geografias solemnes de los limites humanos trazados con la mirada impotente.

Alexis Cabrolié Cordi

3

Conjuro y Apropiación.

Mas de 6000 años de Historia Universal compilados en el transcurso de 30 años, la misma cantidad de éstos trabajando como mayordomo de una familia de la Alta burguesía brasileña y 13 años de espera para editar una película sobre alguien que en ese momento tenía 80 años. El film de J. M. Salles bien podría ser acerca de números, de cómo éstos adquieren su significación dentro de una estructura operante de vida, a través de un discurso público que los pone en circulación social, que los resignifica.
Junto a esto Santiago (2007) es, obviamente, sobre la memoria. La de alguien que casi proustianamente (sólo que aquí se trata de la memoria voluntaria, aquella en la que M. Proust menos confiaba) deposita ante una cámara Reyes y reinas, Papas y arzobispos, Mecenas y traidores, Bethoven y Giotto, valses aristocráticos y recepciones pantagruélicas, Bergman y Fred Astarire (en una secuencia de baile que al parecer ya nadie quiere o puede filmar), Verdi y La Divina Comedia, el esplendor de cuatroccento y el glamour de los albores del siglo pasado. Las Artes y la Ciencias, La moda y las Costumbres al servicio, al arbitrio, a la merced de un arte que cambió para siempre la forma de ver esos mundos, por lo tanto la manera de situarse en ellos.
En forma un tanto menos novelesca y tal vez con menos matices Santiago es, explícitamente, una reflexión sobre el cine, o más exactamente sobre la puesta en escena. Indicaciones sobre cuándo empezar una toma y cómo seguir con ella, preguntas y repreguntas acerca de un tema, metareflexiones en off del mismo realizador sobre el material rodado hace tiempo atrás (“¿el movimiento del agua de la piscina al caer las hojas era natural o una mano fuera de cuadro lo provocaba?”) elucubraciones del porqué de la cámara fija o la ausencia de primeros planos (“estaba muy influenciado por Ozu” o “seguía manteniendo la distancia entre señor y servidor”), arrepentimientos y olvidos (“debí haber filmado el comedor en tal o cual hora del día” o “no tenía más rollo de película”) y la acuciante búsqueda de un plano que no estuviera controlado, ajustado, medido, por la feroz autoconciencia fílmica de Salles…trece años después.
Pero más allá de lo que el director ve de su película -y que a veces pareciera ser lo que tenemos que ver en ella, una suerte de dirección de la mirada- hay un (doble) conjuro y una (doble) apropiación en ella. Al final de su vida Santiago puede exponer ante el mundo, fuera de sí mismo, sus recuerdos, su erudicción, su obra, su nostalgia (“vivo en el Medioevo”) y su postura sabiendo que van a quedar inscriptos, registrados, plasmados en algo más mágico -aunque tal vez igual de perecedero- que los ingentes volúmenes de historia apilados en su mobiliario o en su memoria. Y Salles puede, más de una década después, exorcizar el fantasma de una filmación colocando a ésta en el vórtice de una cavilación que puede tener sus paralelos fuera del cine (“la enfermedad del diario” la denominó cáusticamente R. Barthes) pero que dentro de éste sólo ha sido marginal o esporádica o puntual.
Y, al igual que Sabzián, el entrañable personaje de Primer Plano (1990), Santiago, el seductor personaje de Santiago (2007) toma para sí -aunque en forma menos fraudulenta- algo que no le pertenece en cuanto a su condición de clase: una labor, un oficio, una profesión para la cual nunca estuvo preparado y frente a la cual la estructura societaria exige algo más que ostentar un deseo, poseer imaginación y acreditar una voluntad; exige la pertenencia.
Aquello que de sobra tiene Salles pero que a veces no basta para adueñarse de algo o de alguien; saber que esto se sabe e intuir que otros también lo saben no es una posición cómoda, una postura relajada o una certeza marginal. La tensión que existe entre ocuparse cinematográficamente de otro durante el rodaje y llevar el producto terminado a la pantalla, desembarazándose -o tratando de mantener a raya- del fastidio que provoca aprovecharse de algo ajeno en beneficio propio, es algo que sobrevuela todo Santiago, porque la superación de la incredulidad nunca ha sido fácil de conseguir, y el “valgo más de lo que filmo” aún más difícil de probar.
Hay muchas cosas dentro de una película que es una voz fuera de campo acerca de esa misma película, que es a su vez la película de una pretendida mentalidad transrenacentista frente a la moderna pretensión de encapsular el tiempo en imágenes; una relación casi imposible. Ese “casi” tal vez sea Santiago o como leer La Distinción de P. Bourdieu a través de las formas del cine.

Fernando Pujato

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s


A %d blogueros les gusta esto: