1/5: CINÉFILO / Fantasma – Presentación de la Retrospectiva LEONARDO FAVIO

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22 HS. – CINÉFILO (Bv. San Juan 1020 casi esquina Mariano Moreno – Córdoba Capital)

CINÉFILO/FANTASMA presentan

RETROSPECTIVA LEONARDO FAVIO. El romance del muchacho de pañuelo y la humanidad desbordada.

Crónica de un niño sólo, de Leonardo Favio (Argentina, 1965, 79 min.) + corto previo: El amigo, de Leonardo Favio (Argentina, 1960, 10 min.)

“Señor, permiso para ir al baño”, por Luciano Giletta.
¿Es posible retratar el sufrimiento de un niño -en este caso producto de la incomprensión,  abandono y represión de una sociedad- sin tropezar en el intento? Si, se puede. Aunque no es tan fácil. ¿Y por qué no lo es? Porque primero hay que dejar de lado nuestros prejuicios, conocer de lo que intentamos hablar, hacerlo desde el corazón. Y Favio lo hace desde allí: “…lo que narro en mis películas son cosas que parten de la vida misma, del conocimiento de la gente. Nunca voy a narrar algo que no conozca. Mis personajes brotan de la realidad. En mis películas no hay un solo personaje que no esté dentro de mi corazón, que no reaccione como yo hubiera reaccionado.”. Polín (el niño protagonista del film) es de alguna manera Favio… y Favio es Polín. Así, “Crónica de un niño solo” se vuelve un film autobiográfico, con similitudes a la niñez del realizador y con una clara identificación a un cine visto y revisto durante su juventud. Todo se sumerge a un mundo tan referencial para Favio, que hasta termina financiando la última semana de rodaje del film con dinero “malhabido” (según confiesa en varias entrevistas) obtenido en ese mundo lumpen que tan de cerca supo conocer. La “realidad” se respira delante y detrás de cámara.
La película transita por muchos momentos interesantes, destacándose sobre todo una propuesta narrativa y estética clara, con honestidad en el discurso y un gran compromiso social. Las escenas viven y algunas parecen hacerlo en tiempo real, sin engaños ni artilugios. Favio define la altura de cámara, y con ella su mirada, enfrentando las desigualdades, ese contrapeso de poder entre débiles y poderosos, entre oprimidos y opresores, entre una sociedad ocultada y otra que NO QUIERE ver. De esa manera, en la intimidad de Polín y los pibes, la cámara se sitúa a la altura de los ojos, esa altura que definiera a los jóvenes de la Nouvelle Vague. Cuando Polín se relaciona  con los adultos, la cámara lo describe en picado, desde arriba, creando un clima de opresión e inferioridad. Por el contrario, a los adultos y sobre todo a los “verdugos”  del Patronato de Menores, la cámara los observa desde abajo, en contrapicado. Esto que no es más que uno de los primeros códigos descriptivos del cine, es usado por Favio de manera acertada. Se vuelven interesantes en lo descriptivo los movimientos de cámara, la utilización de ópticas angulares y el modo de composición sobre todo en las tomas dentro del Patronato, cuya arquitectura y manejo de la luz me recuerdan al expresionismo: ángulos, líneas, fugas, escaleras que van y vienen, luces y sombras. Allí, en las sombras, también se definen las diferencias de poder, de posibilidades. Mientras tanto los pibes pasan el tiempo (matan el tiempo) entre juegos de niños (las bolitas, una pelota de goma, leer historietas) y jugar a ser adultos (fumar cigarrillos, reflexionar de la vida, compadrean) ¿Juegan a ser adultos o la vida les obliga a crecer de golpe, eliminado etapas?
Pero un día Polín sale a la calle, se libera de los muros del Patronato, regresa a la ciudad, vuelve al barrio. Sin embargo se encuentra con otro encierro, tal vez mayor. Se enfrenta a esa sociedad que lo margina y lo encierra una y otra vez.
¿Y en todos estos años qué ha cambiado? Veo las noticias y me encuentro con personajes nefastos como Macri y su propuesta de ley anti “trapitos”, “cuida coches” y “encapuchados”. Salgo a la calle y me choco con la policía de “Schoretti”, esa especie de GESTAPO local. Es que la problemática que plantea el film hoy en día continua vigente, con una represión que se manifiesta en muchos sectores e instituciones, en el propio sistema educativo, en y desde el poder judicial, pero sobre todo en la propia sociedad. Y regresamos al mismo lugar. La represión siempre esta ahí, marcando lo que podemos o no hacer, definiendo quienes tienen posibilidades y quienes no y quienes si y quienes no y quienes si y quienes no y por qué si y por qué no.
Tal vez ahí radica el mayor valor de éste film, representación de un cine social que nos lleva a reflexionar sobre los constantes errores de una sociedad desalmada.

La programación completa de Cinéfilo para Mayo aquí.

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