ZARPADO!!!

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Así, sin eufemismos, calificaría de primera instancia al cine de Preston Sturges. Tengamos en cuanta la época, la primera mitad de la década del ´40. Contexto: Código Hays reinando sobre los designios artísticos de cualquier película norteamericana; la segunda guerra por estallar y los EE.UU. a punto de entrar al conflicto bélico; “Que es lo que aporta la película para ganar el conflicto bélico?” es la pregunta que debían hacerse todos los productores y directores antes de osar prender una cámara, si la respuesta era negativa, la película jamás se veía o era forzada a ser remontada hasta que se adaptara satisfactoriamente a la interpelación.

En ese contexto, un hombre, producto de una educación privilegiada (o sea, eso significa no haber pasado por academia alguna y que sus padres viajando por el mundo decidieran que su hijo debía ser libre y autodidacta para elegir su profesión) cuya única brújula era hacer lo que se le cantaba y como se le cantaba, cuya imaginación no podía tener límites algunos porque directamente no creía en ellos; decide filmar sus propios guiones porque los consideraba demasiado brillantes como para que cualquier contratado por un productor de Hollywood los arruinara. El hombre no solo era rebelde sino que poseía la condición necesaria para que esa rebeldía pueda existir, era obstinado; y su insistencia provocó que por primera vez en Hollywood  a un guionista le dejaran dirigir una película. Esa película, El gran McGuinty, resulta ser un éxito y ahí comienza la leyenda de Preston Sturges. Su leyenda y su propia película personal, de tono similar muchas veces a las de sus ficciones. Ocho películas en cuatro años de esplendor de la comedia norteamericana, de la llamada screwball comedy (Lubitsch, Hawks, Leisen, Capra, Cukor así lo atestiguaban). Tres de ellas obras maestras totales;  otras cuatro enormes películas; y de una sola se puede decir que no fue tan buena (no es una comedia)… Cuatro años y Sturges en la cima, y nadie entendió jamás como hizo para filmar lo que filmo en tan poco tiempo. Dio las frases más punzantes e incorrectas que actor alguno haya pronunciado, escribió los guiones más despiadados y subversivos para la buena moral norteamericana. Dirigió demasiado bien a sus actores, los principales y secundarios, y lo que casi nadie dice, ya planteaba puestas en escenas absolutamente cinematográficas, gags visuales y resoluciones de cámara que sólo podían igualarse en perfección con las de su colega Ernst Lubitsch.
Hizo las películas más a contracorriente de lo que el Código Hays permitía. Como dijo James Agee, “el Código Hays se fue a dormir por la noche, fue violado, y se levantó al día siguiente sin darse cuenta”.
Sus comedias empezaban yéndose al carajo y terminaban diez leguas más lejos del carajo… No me creen?
Vean El milagro de Morgan Creek, la segunda mejor  comedia de la historia del cine (el mes que viene, en el Pasión de los fuertes, les cuento cual es la primera), radical, podrida, retorcida y disparatada (tendrían que pasar casi 60 años para que Hollywood produzca este tipo de comedias de nuevo). Uno empieza abriendo la boca de asombro desde los primeros minutos y termina desencajado porque las sorpresas y los giros argumentales, además de ser cada vez más hilarantes, no se detienen hasta el último segundo…
Vean Por meterse a redentor, el tratado sociológico sobre las diferencias de clase aplicadas al cine y a la risa más grande que se filmó…
Vean Hail the conquering hero, y ahí también, si uno cae en cuenta que fue filmada 1943 cuando todos los soldados norteamericanos iban a la guerra, no se entiende como no fue puesto preso Preston Sturges y como no fue colgado de alguna letra del cartel de Hollywood por antipatriota…
Vean Las tres noches de Eva, una de las cimas de la screwball comedy con pareja de lujo sacándose chispas, Henry Fonda y Barbara Stanwick en uno de los roles cumbres de su carrera, lo que no es poco…
Vean, vean y vean, se darán cuenta de que cineastas tan actuales y modernos como Jim Jarmusch (en Dead man) o los hermanos Coen (en Donde estas hermano?), tomaron prestadas escenas y homenajearon a Preston Sturges.
Eso si, desgraciadamente, su vida misma -tan parecida a sus fabulas de fracasos estrepitosos y redenciones milagrosas e inmediatas- y quizás sus mismas películas, marginaron a Preston Sturges del cine, lo convirtieron en un paria y murió joven en el olvido… rescatarlo y pasar sus obras pasa a ser una obligación moral y una necesidad imperiosa para poner en su lugar a uno de los mas grandes artistas que dio el cine.
Ale Cozza

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