20/5 – CINECLUB MIREVEA en San Marcos Sierras

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20 hs. en EL MISTOL (frente a la plaza), San Marcos Sierras / Bono contribución $ 5

El enigma de Kaspar Hauser, de Werner Herzog (Alemania, 1974, 109 min.). Previamente se exhibirá un cortometraje de Agnès Varda.

Kaspar Hauser plantado en el centro de la plaza de Núremberg: la estatua de la otredad. La mano izquierda enseña un sobre lacrado, la derecha sostiene un sombrero negro y un par de devocionarios y su rostro congelado muestra la expresión de pasmo del que ha sido arrojado a un mundo nuevo. Esa imagen se instaló en mi mente infantil como un aguafuerte inalterable el día que por primera vez vi esta película: Bruno S. y su enigma acompañándome durante tantos años.
Cada uno para sí y Dios contra todos es la traducción del título original, “Jeder für sich und Gott gegen alle”, contundente título para la obra de un contundente director, conocido por sus rodajes extremos (la semana pasada leí una entrevista que le hacían a propósito de su última película, “Teniente corrupto”: el entrevistador cometió el error de llamar remake a esta obra: ‘No he visto el “Teniente corrupto” que ha filmado, cómo se llama, Ferrero, Ferrari…’: puro ego). ¿El hombre nace o se hace? ¿Qué es la inteligencia? ¿Un regalo natural para unos pocos o una potencia a desarrollar que habita en todo ser humano? La abrupta aparición de Kaspar Hauser en el año 1828 fue un suceso muy célebre para la época. Llamó la atención de nobles bienintencionados y estudiosos ávidos de experimentación, que terminaron convirtiéndolo en poco más que un fenómeno de feria (la película hace recordar a “El hombre elefante” de David Lynch: otra otredad amarga). Pasó toda su vida, hasta la adolescencia, encerrado en un sótano sin más compañía que un caballito de madera, sujeto al suelo cubierto de paja con una cadena, vestido con harapos y lleno de suciedad. No sabe caminar, apenas balbucea un par de frases, se alimenta de pan y agua. A las pocas semanas de ser liberado de su cautiverio lee y escribe mejor que muchos de sus conciudadanos y muestra una gran capacidad para razonar y argumentar (la inteligencia es la capacidad de establecer conexiones) aunque se ve atrapado en una moral social que es incompresible para cualquiera que no haya pasado su existencia asimilando (más que entendiendo) rígidas convenciones contra natura como pueden ser la religión o los usos y costumbres de la vida pública. Cuando le preguntan si sufrió mucho durante sus años privado de libertad, él responde que no: no conocía otra cosa. La mente que no se usa, descansa: el tonto es feliz.
Y si enigmática fue su aparición, más misteriosa puede ser aún su muerte: muere apuñalado en 1833, cinco años después de su segundo nacimiento. Se especula con que pudiera ser el hijo oculto de algún príncipe bávaro o incluso del mismo Napoleón, primero encerrado y después asesinado para que no pudiera reclamar los privilegios de su cuna. Quién sabe.
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