29/5: FANTASMA en CINÉFILO / Retrospectiva FAVIO

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22 HS. – CINÉFILO – Bv. San Juan 1020 casi esquina Mariano Moreno

Fantasma invita a una nueva función de El romance del muchacho de pañuelo y la humanidad desbordada. Retrospectiva Leonardo Favio.

22 hs. – Soñar, soñar, de Leonardo Favio (Argentina, 1976, 85 min.)

EL CONSTRUCTOR DE SUEÑOS
¿Que puede decirnos una película, el cine mismo, acerca de su tiempo histórico, del contexto y las condiciones dentro de las cuales emerge al mundo como obra? Serio interrogante, que en SOÑAR SOÑAR (1976)  y a más de 30 años de su estreno, se vuelve ineludible. No solo por haberse filmado a las puertas del comienzo de la última dictadura militar que vapuleó nuestro país, sino también por ser el último eslabón en la primera etapa de la carrera de Leonardo Favio. Y es que no se trata de un hombre cualquiera dentro del cine argentino. Figura eremita e inimitable, tanto los cineastas jóvenes de hoy como sus viejos colegas lo enarbolan como el gran autor del cine argentino de los últimos 30 o 40 años.
El plano inicial  de la película es preciso para fundar la logica que sostiene la película: el encuentro fortuito entre Carlos (Carlos Monzon) y Mario (Gianfranco Pagliaro) y las breves palabras que cruzan dejan en claro que en la película lo principal no es sostener un discurso logico realista sino creer que en esta historia todo es posible. Melodramática hasta la exasperación, se trata de una narración infantil, de un cuento maniqueo donde Carlos no puede hacer nada ni evitar nada, preso de su hartante ingenuidad, de su “provincianismo” noble, que Favio remarca a cada minuto. Irse a Buenos Aires y hacerse artista, como él mismo dice, es su sueño. Mario, su nuevo compañero, será su mentor en materializar esa tarea.
Sin el vuelo lírico y cinematográfico de otras oportunidades Favio construye una película correcta, mucho mejor filmada que la media de la epoca, pero desangelada al fin, con apenas unos pocos destellos del creador honesto de otros tiempos. Un elemento sombrio se cierne sobre SOÑAR SOÑAR, obturando la felicidad insensata de entregarse al relato y a los brios emotivos que este nos propone.  Se trata de la presencia de Mario, el otro protagonista. El artista de circo caído en desgracia, pero fiel a la impronta trashumante de su oficio. El no es como Carlos, por que Gian Franco Pagliaro adolece de la tosquedad interpretativa de Carlos Monzón y encuentra en el personaje de Mario un matiz, un punto de emoción indefinido y misterioso. Y ese punto misterioso, desencantado desintegra el melodrama perfecto y maniqueo de Favio. Mario no es un hombre bienhechor, inocente o un ingenuo pero tampoco es el espíritu maquiavélico que su acciones a veces sugieren. En algún punto es un derrotado por su sueños de pasar alguna vez de ser un artista de poco monta. Y aquí radica la mayor contradicción del filme: todos quisiéramos ser ingenuos y valientes como Carlos que deja tierra y trabajo para SOÑAR pero claramente la vida no es un melodrama y al salir de la sala nos encontraremos quizás como Mario derrotados por un presente que no es lo que pudo ser, que no es lo que queríamos SOÑAR, aunque estemos obligados a vivirlo.
No hay dudas que esta no es la mejor ni la más interesante de las películas de Favio, pero es por eso que es la que más claramente permite entender por qué ocupa un lugar de referencia en el cine argentino. Aún a pesar de su talento o virtuosismo. No cabe duda de que estamos frente a un hombre que sabe sintonizar en su cine el espíritu de su época y el suyo propio. Vean el final de filme sino. Sueñen hasta el amanecer. Recuerden que se trata del año 1976. Piensen si SOÑAR SOÑAR no es la demostración, de seguro no la más clara ni la más honesta, pero demostración al fin, de un sueño que no pudo ser. El de Carlos quizás.  Pero el de Favio también.  Allí esta Mario derrotado, mas no rendido. Después de esta película hay algo que en el cine de Favio ya no será posible. La ingenuidad de Carlos. La de tantos Charlys. Recordemos. 1976. Mario seguirá ahí, si es que puede sobrevivir a su sueño roto. Quizas lo arme de nuevo. Pero de entero o a pedazos hay algo que ya no puede ser.
Ezequiel Salinas

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