5/6 – PASIÓN DE LOS FUERTES en el Cineclub Municipal Hugo del Carril

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18.30 HS. – CINECLUB MUNICIPAL HUGO DEL CARRIL – Bv. San Juan 49, Córdoba Capital

Pasión de los Fuertes presenta su nuevo ciclo:

ERNST LUBITSCH. El toque de humor.

Ninotchka, de Ernst Lubitsch (Estados Unidos, 1939, 110 min.)

Publicamos la primera parte de un diálogo sobre Ernst Lubitsch entre Ale Cozza, programador de Pasión de los Fuertes y Martín Alvarez, de Cineclub Fantasma (Cinéfilo).

MARTÍN: Por ahora sólo vi Ninotchka. Me gustó mucho, posta, mucho. Anoto ahora algunas cosas que te mando, sin que sea quizá una crítica completa de la película, más bien, como dijiste, un diálogo, una invitación a que charlemos un poco.
En principio me quedé pensando en cómo se habla muchas veces de la “inocencia” del cine clásico, cuando probablemente si uno se anima a hacer una comparación entre cómo Hollywood filma hoy en día la temática política y cómo este muchacho Lubitsch hace una película sobre cierta “tentación capitalista” que va desarrollando la Garbo, la gran mayoría del cine hollywoodense actual no le llega a los talones en provocación, en huevos, ni en inteligencia a este alemán. El plano final es devastador, sombrío, y transforma todo el sentido de la película. Lo que puede venir pareciendo una película de apología a la ideología burguesa y occidental de la época, se va a la mierda ahí, en ese plano que además Lubitsch resuelve con una envidiable simpleza y mediante un criterio que me parece profundamente cinematográfico. Por acá viene la segunda cuestión que me interesó. Hay algo indudable en esta película: un dominio magistral del espacio fílmico. Un control verdaderamente envidiable para trabajar la “escena”, para saber cómo moverse (como mover historia, personajes, objetos, acciones) dentro de un espacio cinematográfico. Quien haya plantado alguna vez una cámara sabrá que uno de los primeros problemas que aparece es ese: la relación entre la cámara y el espacio/locación/escena es siempre conflictiva, tensa, compleja, y en la resolución de ese conflicto, tengo la sensación, se pone en juego una de las claves del cine. Es en los momentos cómicos de la película, me parece, donde esto queda ejemplarmente demostrado: Lubitsch trabaja el humor no únicamente en función de un hecho específico que resultaría gracioso, sino en función de cómo presentar cinematográficamente ese hecho, en un espacio y un tiempo claramente pensados. Ponele: sube la moza del hotel para llevarles comida, escabio a los tipos; la ves venir y entrar a la habitación, el interior queda en fuera de campo; entonces en la banda de sonido tenés la exclamación, el júbilo de los muchachos de adentro porque apareció una mina; entonces la mina sale corriendo, silencio, y aparece de nuevo pero con varias mozas más, de nuevo el interior de la habitación queda en fuera de campo y cuando entran la banda de sonido es de nuevo el grito, ahora una alegría espectacular, definitivamente un desborde como reacción de los de adentro. Este tipo de manejos recorren la película. Lo tenés de nuevo cuando ya en la Unión Soviética de nuevo, está Ninotchka divirtiéndose con los tres amigos, y se hace abruptamente un silencio mientras lentamente pasa el vecino con cara de culo. Lo que creo es que esta presentación de los hechos, según un criterio particular para trabajar los elementos de la puesta en escena, es en esencia lo que permite su comicidad en la película. Y sospecho que esto último, esta forma de convertir el espacio en “escena”, en cine, es una de las cosas en la que más nos pueden enseñar los clásicos.
Eso por ahora nomás. Con la seguridad de que hay tela, tela para cortar y para cortar mucho, espero tu respuesta.

ALE: La gran maestría de los cineastas clásicos reside precisamente allí, en el dominio de la narración cinematográfica como medio y forma para “decir” y transmitir, sin privarse de ningún elemento de la puesta en escena, y todo conjugado, dan películas de complejísimas que es imposible no abordar desde lugares más amplios y realizar metalecturas. El guión como punto de partida para construir un andamiaje formal que permita dialogar con el texto de forma lúdica en un ida y vuelta siempre cambiante. El triunfo del cine clásico es el triunfo de la forma, cuando lo paradójico del cine moderno, es que cree descubrir la forma para ponerla en primer plano y mostrársela al mundo. Como casi todo lo moderno, llega tarde… y ojo, no estoy glorificando al “todo tiempo pasado fue mejor”.
El punto es que esa forma, es funcional a la narración, al film y no al director. La forma como una herramienta para la película y no para el ego de su realizador. Es por eso que siempre será esquiva la narración clásica, y sí, invisible a los ojos despistados. Es simple glorificar e identificar los elementos formales en Tarantino o Gus Van Sant, por citar sólo algunos ejemplos, es mucho más complejo, y hasta más interesante, visualizarlos en Lubitsch y Preston Sturges. Aunque insisto, y por más que no lo parezca, no estoy defenestrando con esto a Tarantino y Van Sant y a todos los modernos.
Ese es el arte que dominaban los grandes nombres “famosos”: Lubitsch, Hawks, Ford, Capra, Wyler, Hitchcock, Walsh… pero también, lo increíble, es que era un arte que también conocían a la perfección directores que tuvieron menos consideración crítica en su momento, menos “famosos”, aunque algunos fueron teniendo con el tiempo mas que justas reivindicaciones. Acá la lista se ensancha y hasta corre riesgo siempre de quedar corta: Fuller, Ray, Sturges, Mann, Daves, Vidor, Tourneur, Brooks, Lewis, Aldrich, Huston, Siegel, Cukor, Minelli, Wilder, etcétera, etcétera, etcétera.
Es muy bueno el momento que citas de las chicas cigarreras en Ninotchka y el lugar donde está puesta la cámara. Es un ejemplo del famosísimo “toque Lubitsch”. Ese que habla más con una puerta cerrada de una habitación y la cámara del lado de afuera, que con la cámara adentro filmando lo que allí ocurre. Si, construcción del espacio fílmico y de la puesta en escena. Si el código Hays prohibía mostrar y decir un montón de cosas, bueno, los grandes cineastas con astucia y conocimiento del lenguaje cinematográfico, no se privaban para nada de mostrar y decir lo que querían, solo lo hacían de otra manera. Como el plano final de Ninotchka que mencionás, una cámara que panea para abajo desde las luces a la calle. ¿Se puede decir algo más devastador que eso sobre el consumo y sobre el mundo del capital? Para abajo desde las luces a la calle y… The end.
Abrazo Chacho y seguimos con otra de Lubitsch si te parece y tenés tiempo…

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