Crítica de ICH BIN ENRIC MARCO, de Santiago Fillol y Lucas Vermal – por Juan José Gorasurreta

by

YO SOY ENRIC MARCO

Sobre “Ich bin Enric Marco”, de Santiago Fillol y Lucas Vermal (España, 2008, 86 min.)

por Juan José Gorasurreta*

En 1973, Orson Welles realizó F for Fake (F de falso) -uno de sus filmes más importantes-, sobre los falsificadores de cuadros del mundo. Elmyr d’Hory, pintor americano de poca monta que saltó escandalosamente a la fama por ser el mayor falsificador de obras de arte conocido hasta entonces. D’Hory falsificaba cuadros de Modigliani, Matisse o Picasso, y era reclamado por la justicia de varios países. Algunos años después, en 1978, Enric Marco comenzó a contar historias que lo relacionaban con su ‘experiencia personal’ en cárceles y campos de concentración alemanes durante la Segunda Guerra. Conocido como el ‘deportado número 6448’, escribe su propia biografía Memorias del infierno donde, detalladamente, cuenta su ‘experiencia’ desde 1941 hasta el fin de la guerra en 1945. Ocupó cargos públicos importantes como sindicalista, antifranquista y antifascista hasta que en 2005, el historiador español Benito Bermejo, descubre que en los campos de exterminio nazi de Mauthausen y Flosseenberg, nunca estuvo su nombre entre alrededor de 7000 compatriotas que realmente pasaron por estos y otros campos.

El filme de los argentinos Fillol (cordobés) y Vermal, después de un prólogo donde ubica al espectador en el terreno de la realidad histórica donde es descubierto como el ‘espantoso y genial’ impostor, al decir de Mario Vargas Llosa, realiza un viaje a conocer verazmente los lugares concretos y reales donde estuvo Marco, una vez que en 1941, viajó en uno de los trenes con trabajadores enviados por Franco a Hitler. Deconstruir la historia hasta desgajarla y conocer lo que realmente pasó, es el motivo de esta película que ente ficción y documental, logra un equilibrio pocas veces visto en nuestro cine. La cámara oficia como un entomólogo y su escalpelo, al servicio de la verdad: saber realmente qué pasó, cuanto de verdad y mentira hay en la naturaleza del ser humano. Serena, persistente, sin contraplanos, siguiendo paso a paso el andar de Enric Marco en un demistificador road movie, parece que el cine descubriera por primera vez su valor testimonial en el retrato de un embaucador que durante años, engañó a toda una sociedad: el sobreviviente que nunca fue. Y si la pintura puede falsificarse, porqué no la historia personal propia ante una sociedad tan crédula a la facilidad de palabras, a una interacción entre la literatura y el discurso?

Aunque reconoce que mintió, no se arrepiente. “Todo lo que cuento lo he vivido, pero en otro sitio; sólo cambié el lugar, para dar a conocer mejor el dolor de las víctimas”. “Nadie tiene derecho a decir que el dolor en una cárcel de la Gestapo no es igual que el dolor en un campo de concentración”. “Cambié el escenario, pero yo también soy un superviviente. ¿Cómo se atreve alguien a decirme que yo no era de los suyos sólo porque no estuve en un campo de concentración?”. Sobre el final del viaje, Enric Marco afirma sin temor ‘que me juzgue quien pueda’.

Santiago Fillol cuenta en un reportaje que ‘de día nos mirábamos con recelo y por las noches nos dábamos una tregua: nosotros trazábamos planes; él intentaba dar testimonio de un pasado que, a su juicio, si no era equivalente al falso pasado, al menos debía ser ‘citable’, constar en actas. Nosotros queríamos ver y registrar para ver, cómo él se debatía consigo mismo para intentar que ese otro pasado (menos reluciente), alcanzase o no a ser citable. De día nos mirábamos con recelo y con paciencia. De noche hacíamos una tregua: nosotros lo necesitábamos para hacer una película, él para documentar su pasado desconocido’

El ‘profesional del relato del horror’ hace que la esencia de su testimonio viva allí: ‘antes aquí se mataba gente, ahora los turistas hacen fotos’, decía Resnais en Noche y niebla. El cine y su lenguaje amplio y diverso, es aquí el registro implacable sobre Enric Marco como uno de los ejecutores de la puesta en escena.

* Juan José Gorasurreta nació en Moreno, Buenos Aires en 1948. Vive en Córdoba desde 1980. El 22 de Febrero de 1981, junto a un grupo de amigos, fundó el Cineclub La Quimera, el cineclub más antiguo de la ciudad, en el que hasta el día de hoy sostiene activamente su participación. Coordina también el Cineclub Juan Oliva que funciona en la Ciudad de las Artes de la ciudad de Córdoba.
Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s


A %d blogueros les gusta esto: