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Debemos construir…

22 octubre 2011

Debemos construir…

Debemos construir un formato y un lenguaje que entrañe una manera de ver, pensar y sentir. Mirarnos alrededor para conocer nuestro cotidiano, el drama de todos los que habitamos este lugar, para reconocernos luego en el cine/video a través de imágenes, olores y sonidos. Lo antropológico de la búsqueda y la emoción de sabernos contenidos en lo que vemos, es un placer que reditúa la emoción de encontrarnos con los otros en esa poesía de lo emergente a cada paso. Situarnos siempre frente a lo que nos preocupa o ‘nos hace ruido’, debe ser la actitud correcta para generar espacios amplios, honestos y comprometidos. Nuestro paso por la vida no tiene otro sentido que el de ser personas, defendiendo lo que creemos, solidarizando las ideas que nos enfrentan en la lucha por el objetivo para mejorar el mundo que nos tocó vivir: no elegimos esta época para vivir, pero vivimos esta época. Intercambiar ideas, generar discusiones y enmendar ceños fruncidos por sonrisas amplias, abrazos generosos, besos furtivos genuinos, caricias inteligentes o miradas cómplices es lo básicamente, necesario.

Una y otra vez mirarnos a los ojos a través de las cámaras a la altura de los demás, es hablar a y como iguales, respetándonos y soñando con crear y abrir un camino que nos una simétricamente, que nos haga generosos a la hora de dar y recibir. ‘En lo que respecta a nosotros, creemos que la esencia de la dicotomía sonido-imagen, no es una oposición sino es una identidad’, asegura Noel Bürch. Un buen punto de partida si sabemos que el 70 por ciento de lo que aprendemos ‘entra’ por los ojos y el 30 restante, por los oídos. Al fin y al cabo, el 100 por ciento que ‘ingresa’ a nuestros cuerpos lo hacen por los roces de la piel que genera nuestros cuerpos con el soporte del cine/video y sus matices. Como dice Glauber Rocha ‘la organización económica a partir de la aventura económica’.

Lejos del elitismo romántico y estúpido, aparece una realidad que genera espacios por donde (in)filtrar nuestros pensamientos, amasando el deseo para gestar un lugar en el mundo de hoy, aprendiendo del pasado y señalando el futuro. Y si la imagen que proponemos aventura decirlo con pasión y sutil e inteligentemente embebida de poesía y rango afectivo, nacerán los encuentros en las despedidas.

En el cine, la palabra volver, una y otra vez genera entrañablemente una inequívoca sensación de incomplacencia e inconformismo generando entonces, un buen encuentro en donde poder mirarnos, sin la vergüenza que significa el engaño y la mentira. La cámara no miente, adivina el parpadeo y lo cuela por sus entrañas sin secretos ni maquillaje para emitirlo luego en la proyección, escribiendo sobre la pantalla blanca, delirante como la ideología, mientras surge la necesidad de la ‘dimensión perceptiva’ sin mariconeos.

A estos ‘pequeños apuntes’ hay que hacerlos crecer hasta la explosión, generando espacios abiertos y de connotaciones muy lejos de la hipocresía y la rabia del no ser. Solo hacen falta las ganas y el énfasis de crearlos, provocando a través de la insolencia, la anarquía y la rebeldía, un vuelo limpio, con y de altura, lejos de las bajas estaturas que quieren imponernos desde los medios masivos de comunicación. Desbloquear la timidez ‘hasta un juego de acercamiento de tonos y de luces de los que por convención, brotan condiciones de percepción tales que me permiten el reconocimiento de una figura y de un fondo’, al decir de Umberto Eco.

 

La mesa está servida y a quien le toque el sayo de imprimir esta idea, se lo ponga firme y coherentemente, marcando pautas en un camino que todavía, está por hacerse: el mejor cine/video de la historia para desentrañar el saber quienes somos y queremos.

Un fotograma en forma de beso y abrazo, anudando la pasión y el deseo.

Juan José Gorasurreta, en el 35 aniversario del asesinato de Pier Paolo Pasolini.

Corría en el crepúsculo fangoso de Pier Paolo Pasolini

Traducción Esteban Nicotra

Corría en el crepúsculo fangoso,

detrás de grúas torcidas, de andamios

mudos, por barrios impregnados

con el olor del herrumbre y de harapos

asoleados, que dentro de una costra

de tierra, entre casuchas de latones,

desaguaderos, alzaban sus paredes

nuevas y ya arruinadas contra un fondo

de lívida ciudad.

Sobre el asfalto

derruido, entre penachos de pastizales acres

de excrementos y baldíos de barro

negro –que la lluvia excavaba

con tibiezas infectas– las enormes

filas de ciclistas, los quejumbrosos

camiones de madera, se perdían

cada tanto, por centros de suburbios

donde ya algún bar mostraba círculos

de blancas luces, y bajo la lisa

pared de una iglesia se desperezaban,

viciosos, los muchachos.

En torno a rascacielos

populares, ya viejos, los marchitos

huertos y fábricas erizadas de grúas

se estancaban en un febril silencio;

pero un poco más allá del centro iluminado,

a un costado de aquel silencio, azul

una calle asfaltada parecía

inmersa en una vida sin memoria,

tan intensa como antigua. Aunque raros,

brillaban los focos de una agria luz

y las ventanas todavía abiertas,

blancas de telas tendidas, palpitaban

íntimas de voces. En los umbrales

estaban las ancianas y con sus ropas

casi de fiesta, y límpidos, bromeaban

abrazados los muchachos, con hembras

más precoces que ellos.

Todo era humano

en esa calle, y allí estaban apiñados

los hombres en ventanas y veredas,

con sus harapos, con sus luces…

Parecía que incluso en su más íntima

y miserable habitación, el hombre

sólo acampara allí, y de otra raza fuera,

aferrado a su barrio bajo un viento

pegajoso y polvoriento y no fuera

Estado el suyo, sino una confusa

pausa.

Y aún quien pasaba y miraba

sin la urgente necesidad inocente,

buscaba, extraño, una comunión,

al menos en la fiesta del pasar y mirar.

Sólo la vida alrededor: pero en ese mundo

muerto, para él, había un presagio de Realidad.

 

 N.T.: Este poema que hemos traducido, “Correvo nel crepuscolo fangoso”, del “grupito de viejas poesías” que el poeta había pensado titular Poesia con letteratura, perteneció hasta la muerte del autor a sus poesías inéditas. Fue publicado después en el volumen Le poesie de Garzanti en noviembre de 1975 en la sección “Poesie inedite” y luego en el segundo volumen garzantiano de sus poesías completas Bestemmia -Tutte le poesie-, Milán, noviembre de 1993. Pier Vincenzo Mengaldo ha escrito sobre este poema el memorable ensayo “Lectura de una poesía de Pasolini”.

 

 

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